Goicoechea limpia: una responsabilidad compartida que no admite cómplices

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por La Dirección).- El paisaje urbano de nuestro cantón, Goicoechea, se encuentra hoy marcado por una epidemia tan silenciosa como evidente: la acumulación de residuos sólidos en aceras, caños y áreas verdes. Espacios destinados a la convivencia, la recreación y la salud pública se transforman, día tras día, en focos de contaminación y deterioro. Frente a esta realidad, resulta cómodo —pero insuficiente— señalar únicamente a la Municipalidad. Es momento de un examen de conciencia colectiva.

La gestión de los residuos no es un servicio que se recibe de manera pasiva; es un compromiso cívico que se ejerce todos los días. Ninguna política pública, por eficiente que sea, puede sostenerse si una parte de la ciudadanía insiste en convertir los espacios comunes en basureros improvisados.

El mito de la responsabilidad única

Persiste la idea errónea de que la limpieza del cantón es una tarea exclusiva del gobierno local. Sin duda, la Municipalidad tiene la obligación de garantizar la recolección eficiente de desechos y el mantenimiento de los espacios públicos. Pero ninguna administración —por más recursos que disponga— puede hacer frente a la irresponsabilidad cotidiana de quienes tiran basura en la vía pública o abandonan muebles, escombros y residuos en lotes baldíos.

Estos actos no son simples descuidos. Son faltas directas de respeto hacia los vecinos y hacia el entorno que todos compartimos. Ensuciar la calle es, en esencia, ensuciar la casa común.

El peso del silencio: la complicidad ciudadana

Aquí llegamos al punto más delicado y menos discutido de esta problemática: el silencio. Debe decirse con claridad y sin ambigüedades: quien observa una infracción y decide callar, se convierte en cómplice.

Si usted sabe quién utiliza las áreas verdes como basurero personal y no lo denuncia, está permitiendo que la degradación de Goicoechea continúe. La ética ciudadana no se limita a “no tirar basura”; implica también proteger el barrio, el distrito y el cantón frente a quienes lo dañan. Ver una falta y omitirla equivale, en la práctica, a validar que el desorden y la contaminación son aceptables.

Denunciar no es un acto de enemistad ni de “mal vecinazgo”. Es un ejercicio de responsabilidad cívica y una defensa legítima del derecho colectivo a vivir en un ambiente sano.

Hacia un castigo ejemplar y una cultura de corresponsabilidad

El sentimiento de impunidad es el principal incentivo de estas conductas. Por ello, es indispensable que las autoridades fortalezcan los mecanismos de denuncia y sanción, pero también que la comunidad comprenda que tanto el infractor como quien guarda silencio comparten la carga moral de la suciedad de nuestras calles.

Si aspiramos a un cantón más próspero, seguro y saludable, debemos pasar de la queja a la acción. No basta con indignarse ni con esperar soluciones externas. Se requiere carácter ciudadano, compromiso y valentía para señalar lo que está mal.

La Voz de Goicoechea hace un llamado a cada habitante del cantón: recuperemos nuestros espacios públicos. Que el orgullo de ser guadalupanos, ipiseños o vecinos de cualquiera de nuestros distritos se refleje no solo en la limpieza de nuestro frente de casa, sino también en la firme decisión de no tolerar —ni encubrir— a quienes ensucian la casa de todos.

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