Es justa y necesaria una ley para la protección de periodistas

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- La libertad de prensa no se defiende sola. Se ejerce, se arriesga y, lamentablemente, en muchos casos se paga caro. En un contexto donde investigar la corrupción, el narcotráfico o los abusos del poder puede costar la vida, resulta imperioso que Costa Rica impulse una ley de protección para periodistas y sus familias. No se trata de un privilegio, sino de una garantía mínima para quienes cumplen una función esencial en toda democracia: fiscalizar al poder.

Los periodistas que se atreven a destapar redes de corrupción, vínculos políticos con el crimen organizado o maniobras para desviar fondos públicos, se enfrentan a un panorama hostil: amenazas, campañas de desprestigio, acoso judicial y, en los casos más graves, agresiones físicas. La realidad regional es clara: donde el periodismo incomoda al poder, el peligro acecha. Y nuestro país no está exento.

La mafia del narcotráfico y la política corrupta caminan, muchas veces, de la mano. En los territorios donde el Estado pierde control, los periodistas se vuelven testigos incómodos. Pero también, y sobre todo, se convierten en las voces que permiten que la sociedad sepa lo que pasa cuando el resto calla. Por eso, una ley que los proteja es una deuda ética y democrática.

Tampoco se puede olvidar a los defensores de derechos humanos, que enfrentan riesgos similares cuando denuncian abusos policiales, arrestos ilegales o tratos degradantes. Su labor, como la del periodismo independiente, busca precisamente lo que todo Estado responsable debería garantizar: que nadie quede indefenso ante el poder.

Una legislación de protección no debe verse como un privilegio gremial, sino como un mecanismo de justicia preventiva. Un escudo legal frente a la impunidad, para que ningún periodista o defensor de derechos humanos tenga que elegir entre su seguridad y su vocación.

Porque lo que está en juego no es solo la vida de quienes informan, sino el derecho de toda la sociedad a ser informada. Y cuando el silencio se impone por miedo, la democracia comienza a morir en voz baja.

En La Voz de Goicoechea creemos que proteger al periodismo es proteger a la ciudadanía. Una prensa libre y segura es el mejor antídoto contra la corrupción y el abuso del poder. Y una ley que la respalde, lejos de ser un favor, es un acto de justicia y de sensatez.

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