El voto útil… ¿útil para quién? en modo observador del paisaje político tico

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, comunicador).- Costa Rica siempre ha sido un país curioso: nos encanta decir que ya todo está decidido… justo cuando casi nadie ha decidido nada. Ahí están las encuestas, gritando una verdad incómoda: casi la mitad de la gente sigue indecisa, esperando que el panorama les hable, que el candidato correcto se manifieste o que el universo mande una señal más clara que los debates de las nueve de la noche.

Y en medio de ese limbo aparece el viejo fantasma disfrazado de nueva tendencia: el voto útil. Esa figura misteriosa que siempre llega a última hora, como el compa que no confirma si va a la fiesta, pero igual cae con hielera y todo.

Porque sí, el voto útil está de moda otra vez. Y claro: si una candidata empieza a despegar —como Laura Fernández, que según encuestas recientes parece correr un poquito más rápido que el resto— la conversación toma ritmo. Empieza la narrativa de “esta sí tiene chance”, ese murmullo que en política pesa más que una propuesta fiscal.

Del otro lado, nombres como el de Claudia Dobles aparecen en la ecuación cuando la gente se pregunta si todavía hay espacio para una alternativa que se cuele en segunda ronda, aprovechando el gigantesco porcentaje de indecisos. En la teoría, esa masa de votantes sin rumbo podría virar el barco. En la práctica, dependen de si alguien logra convencerlos —o asustarlos— lo suficiente.

El problema es que el voto útil no se activa por decreto. Necesita condiciones… casi como una receta de cocina política. Se requiere:

Un candidato que crezca.

Uno que no genere alergia colectiva.

Un rival que dé miedo.

Y un público indeciso, ojalá nervioso, ojalá dispuesto a cambiar de silla en el último minuto.

Suena fácil. No lo es.

Hoy el escenario muestra una distancia grande entre la puntera y las demás, incluida Dobles, que aparece mucho más abajo en intención de voto. ¿Se podría cerrar esa brecha? Tal vez. ¿Es automático? Para nada. El voto útil no es una ola: es un rumor que, si suficiente gente escucha, se convierte en corriente. Pero si nadie compra la historia de que alguien puede llegar a segunda ronda… entonces no hay corriente, no hay ola, no hay nada.

La otra pregunta —la silenciosa— es si realmente existe un deseo ciudadano de forzar una segunda vuelta. Porque el voto útil solo aparece cuando la gente quiere evitar un resultado inmediato. Si la población está cansada, desanimada o simplemente desconectada, puede terminar votando por quien ya conoce, o por quien grita más fuerte, o hasta por nadie.

En ese caldo extraño navegamos. Con números que se mueven, pero no se alinean. Con candidatas que crecen, otras que buscan el empuje final, y un electorado que sigue mirando desde la grada, como si el partido todavía no hubiese empezado.

En resumen: el voto útil puede existir…

Pero todavía no sabemos para quién es útil.

Ni si realmente existe.

Ni si llegará a tiempo.

Porque en Costa Rica, el voto útil es como el aguacate: madura cuando le da la gana.

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