El Futuro de la CCSS Se Decide Hoy.Cuatro Visiones, Un País que Envejece

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak- Columnista)
Costa Rica enfrenta uno de los mayores desafíos sociales de su historia: la sostenibilidad del modelo solidario de salud y pensiones. La Caja Costarricense de Seguro Social, símbolo de orgullo nacional, sufre una crisis acumulada por décadas: infraestructura saturada, escasez de especialistas, financiamiento presionado, y un sistema de pensiones que debe sostener a una población que envejece aceleradamente mientras el número de cotizantes activos disminuye.
En 1990, Costa Rica tenía casi diez trabajadores por cada persona adulta mayor. Hoy son menos de cinco. Para 2050, la proporción podría acercarse peligrosamente a dos por uno. No se trata solamente de pensiones: es la sostenibilidad de la salud, el cuidado, la autonomía, la dignidad y el futuro.
Frente a esta realidad, cuatro figuras políticas —Laura Fernández, Álvaro Ramos, Claudia Dobles y Ariel Robles— ofrecen respuestas que revelan cuál modelo de sociedad defienden.
Laura Fernández: eficiencia administrativa como eje central
Laura Fernández parte de un diagnóstico claro: la Caja, según ella, no administra bien sus recursos. Propone reingeniería administrativa, auditorías externas, digitalización profunda y control estricto del gasto interno. Su apuesta se basa en la idea de que hay recursos, pero se usan mal.
Su enfoque habla de productividad, gestión y orden. Sin embargo, sus propuestas no abordan directamente el problema estructural del financiamiento. Costa Rica no solo necesita administrar mejor, sino también invertir más en capacidad hospitalaria, especialización médica y prevención comunitaria. Sin ese componente, el riesgo es una reforma que ordena papeles, pero no reduce el dolor de quien espera meses por una cirugía o años por una valoración especializada.
Álvaro Ramos: respuesta rápida apoyándose en el sector privado
Álvaro Ramos plantea una salida más inmediata: comprar masivamente servicios al sector privado para reducir listas de espera. En lo inmediato, su propuesta podría efectivamente disminuir los tiempos, lo cual es atractivo para la ciudadanía agotada de esperar.
Pero el costo político y social de esa vía es profundo. Si comprar afuera se vuelve rutina, el sistema público puede comenzar a perder talento humano hacia el sector privado, debilitando sus cimientos. La diferencia entre alivio temporal y dependencia permanente es fina. El riesgo: una privatización silenciosa, paulatina y difícil de revertir.
Claudia Dobles: reorganizar la red de atención y fortalecer la prevención
Claudia Dobles apuesta a reordenar el sistema de salud desde la base, fortaleciendo la atención primaria, ampliando la telemedicina y creando equipos itinerantes que lleguen a zonas donde hoy los servicios son insuficientes. Su visión trata la salud como un territorio y no como un edificio: la Caja debe ir a donde la gente está, y no al revés.
Su enfoque aborda un punto clave que Costa Rica ha abandonado: la prevención. Sin embargo, requiere una inversión sostenida y una planificación a largo plazo. No es una solución rápida. Es una estrategia de país.
Ariel Robles: el financiamiento como problema político estructural
Ariel Robles es el único que nombra directamente el elefante en la sala: para sostener la Caja y el sistema de pensiones, Costa Rica necesita más recursos. Plantea reformas tributarias progresivas, eliminación de privilegios fiscales y mayor contribución de grandes capitales para reforzar lo público.
Su visión es profundamente estructural, pero enfrenta resistencia política en una Asamblea que históricamente ha protegido intereses corporativos. Para que su propuesta avance, el país tendría que decidir colectivamente que la salud y la vejez digna valen más que los privilegios de unos pocos.
Al analizar estas posiciones, queda claro que no se está discutiendo solamente cómo reducir una lista de espera. Se está discutiendo qué tipo de país queremos ser cuando seamos viejos: Si creemos que la salud es un derecho, la Caja debe fortalecerse. Si aceptamos que la salud se convierta en mercancía, el avance del sector privado será inevitable.
Si permitimos que la inversión se siga posponiendo, el costo lo pagarán quienes hoy tienen 50, 40, 30 años… no en teoría, sino en carne propia.
El debate real es:
¿Estamos dispuestos, como sociedad, a sostener el derecho a la salud y la vejez digna de quienes nos sostuvieron a nosotros?
Porque la pregunta no es técnica. La pregunta es profundamente humana:
¿Quién cuidará a quienes nos cuidaron?