LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Luis Carlos Araya Monge, columnista).- No sé si será correcto, pero lo que escucho es que el rating de anoche del debate de algunos candidatos (OPOL) no pasó de 200.000 personas. Eso nos dice lo que he venido reiterando: sin Laura Fernández, no atraen la atención.
Además, pregunto: ¡por Dios!, ¿no es mejor que la prensa les haga buenas entrevistas a los candidatos? ¿Por qué se empeñan en los debates show, que son estrategias comerciales para los medios, pero no aportan nada al interés necesario de los ciudadanos para decir correctamente su voto?
Por eso he insistido, como elector, aceptando con transparencia que soy partidario de doña Laura Fernández, que evite los debates, que no le haga el juego al show. Estos solo les hacen el favor a los pequeños, pero no a quien se posesiona en primer lugar en todas las encuestas.
Provocan casi que una guerra, todos contra Laura Fernández. Ya lo vieron anoche: fue más importante don Rodrigo Chaves, sin ser candidato, que cualquiera de los temas de debate.
Conclusión…, sin ir, se gana más. Explicarles a los medios las intenciones y los planes de gobierno, con entrevistas exclusivas le queda más claro al elector que estos pleitos de banderas y fanáticos enardecidos, que alientan a los candidatos a someterse al circo. Que, como ayer, era de tarjetas rojas y verdes.
Me caen bien los periodistas de Opa, los considero inteligentes, de muy buena imagen. Pero este momento es de los electores, es de definiciones, es de meditación, no puede ser un show el que nos influya para llevarnos a las urnas.
Igual los otros medios. Por favor, hay tiempo, llamen a los candidatos, monten excelentes entrevistas, debatan ustedes con ellos, pero háganlo individualmente, que estoy seguro nos servirá más a los ciudadanos para tomar decisiones.
Esta es una respetuosa sugerencia, jamás se tome como una manipulación de mi parte para promover a la candidata de mi simpatía. Que reitero, no necesita que la sometan al show.
Hace algunos años, los medios eran mucho más independientes. Hoy hay algunos que han tomado bandera, son una extensión de los partidos de su gusto o de su confianza; lo que es peor, de sus intereses, por eso hay sesgos peligrosos, no existe la imparcialidad.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Greggory Gordon Cruickshank, columnista).- Las campañas de recolección de residuos no tradicionales son una herramienta importante para mantener limpias nuestras comunidades y proteger la salud pública. Sin embargo, estas iniciativas no pueden limitarse únicamente a recoger desechos de manera permanente. Deben convertirse también en una oportunidad para educar y promover hábitos responsables en la ciudadanía.
El reto es pasar de una cultura donde todo se entrega mezclado a una cultura donde cada persona asuma la responsabilidad de clasificar sus residuos antes de desecharlos. Para lograrlo, la municipalidad podría organizar las rutas de recolección por categorías específicas. Por ejemplo, destinar un día para metales, otro para muebles y madera, otro para electrodomésticos, uno para plásticos y otro para residuos de jardinería como hojas, zacate y ramas.
Este modelo permitiría una mejor organización y facilitaría el reciclaje y la valorización de los materiales recolectados. Además, debería estar acompañado por una campaña educativa permanente que informe claramente a los vecinos qué materiales corresponden a cada ruta y cómo prepararlos para su recolección.
Cuando todos los residuos se recogen mezclados, se desperdicia una valiosa oportunidad para recuperar materiales que podrían reutilizarse o reciclarse. La separación desde el hogar ayudaría a reducir considerablemente el volumen de residuos que terminan como desecho y permitiría aprovechar mejor los recursos disponibles.
Otro aspecto que requiere atención son los botaderos clandestinos de escombros y residuos de construcción. Una alternativa sería que, al otorgar un permiso de construcción, la municipalidad solicite un plan de manejo de estos materiales o, en su defecto, ofrezca un servicio regulado de recolección y disposición final. De esta forma se reduciría la acumulación de desechos en lotes baldíos, calles y cauces de ríos, además de garantizar una gestión más ordenada y transparente.
Mantener limpio nuestro cantón no depende únicamente del trabajo municipal. La verdadera diferencia la marca el compromiso de cada ciudadano con la correcta disposición de sus residuos. Si queremos comunidades más limpias, ordenadas y sostenibles, debemos avanzar hacia un modelo basado en la educación, la clasificación y la responsabilidad compartida.
La recolección de residuos no tradicionales debe ser mucho más que un servicio de limpieza. Debe convertirse en una herramienta para enseñar, reciclar y construir una verdadera cultura ambiental.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Gerardo A. Pérez Obando, columnista). – Cuando el bolero empieza a dejar de ser voz de uno para volverse lenguaje entre muchos, no lo hace de golpe ni ruptura. Ocurre en una continuidad silenciosa, casi imperceptible como sucede con todo aquello que tiene raíz verdadera. Los nombres empiezan a aparecer, no como novedades que alteran, sino como presencias que confirman. Entre ellos Manuel Corona, que no se distingue por apartarse, sino por profundizar. Sindo lo afirmó, Corona lo estabiliza. En él, el bolero no cambia de rumbo, solo adquiere una forma más definida, como si aquello que venía siendo intuición comenzara a encontrar una manera más clara de sostenerse en el tiempo. El bolero comienza a afirmarse.
No estamos ante una transformación externa, ni ante una voluntad de innovación. Lo que ocurre es más sutil. Aquello que en Pepe Sánchez fue aparición y en Sindo Garay conciencia, se encuentra en Corona una forma más definida de sostenerse. El bolero, sin dejar de ser íntimo, empieza a adquirir una claridad que le permite permanecer. Ya no depende únicamente del instante en que es dicho; empieza a insinuar la posibilidad de ser recordado sin perder su verdad. Ese es el paso decisivo. Manuel Corona no irrumpe para modificar el bolero, sino para darle una estabilidad que hasta entonces apenas se insinuaba. Su manera de decir no añade complejidad, pero sí precisión. Hay en su expresión una elegancia contenida, como si comprendiera que el exceso debilita lo que nace para ser esencial. No recarga la palabra ni la dispersa. La sostiene, y hacerlo permite que el bolero comience a reconocerse también como forma, no como estructura rígida, sino como una manera que puede repetirse sin convertirse en fórmula vacía.
En esta etapa, el bolero empieza a desplazarse con mayor naturalidad hacia espacios más definidos. La serenata sigue siendo su territorio, pero ya no es únicamente el acto espontáneo de quien dice lo que siente. Aparece una conciencia mayor del canto, una forma más cuidada de decir, sin que por ello se pierda la cercanía. La ciudad, lentamente, empieza a insinuarse en él. No como escenario dominante, sino como horizonte. La obra de Manuel Corona recoge ese momento.
En piezas como Longina, no encontramos una ruptura con lo anterior, sino una depuración. La emoción permanece, pero se expresa con una claridad que la hace perdurable. No se trata de decir más, sino de decir mejor. La palabra no se agota en el instante; se proyecta, y en esa proyección, el bolero comienza a entrar en una dimensión distinta: la de aquello que puede volver a ser dicho por otros sin perder su fuerza original. Ese es el signo de su consolidación.
Lo que en Sindo Garay se afirmaba como conciencia del bolero, comprensión profunda de su sentido, en Corona empieza a adquirir permanencia. No fija una forma definitiva, ni cierra posibilidades. Más bien abre un camino en el que la repetición no empobrece, sino que sostiene. El bolero puede volver a decirse, y al hacerlo, sigue siendo verdadero. Ahí reside su valor, no se convierte en esquema ni en técnica, se mantiene como forma viva, pero ahora con una consistencia que permite su continuidad, ya no depende exclusivamente de quien lo dice por primera vez, pertenece, cada vez más, a quienes lo reconocen y lo asumen. Manuel Corona no transforma el bolero: lo afirma, le da una estabilidad que no lo endurece y una forma que no lo encierra. Gracias a ello, el bolero comienza a adquirir una presencia más clara en la memoria colectiva, puede ser aprendido, repetido, compartido. Empieza a circular no solo como emoción inmediata, sino como expresión que perdura, y en esa posibilidad de permanecer sin perder su esencia, el bolero da un paso silencioso pero decisivo: comienza, sin proponérselo, a volverse tradición. Sin embargo, en esa consolidación que Manuel Corona aporta, empieza a insinuarse otra dimensión aún no del todo visible, la de una sensibilidad distinta que no modifica el bolero, pero lo matiza desde otro lugar.
Hasta ahora, ha sido una voz predominantemente masculina la que lo enuncia y lo sostiene, pero el bolero, que ya se reconoce como lenguaje compartido, no podía permanecer ajeno a otras formas de sentir y en ese momento, casi sin ruptura y con la misma naturalidad con que todo en el bolero acontece, cuando aparece María Teresa Vera, no como excepción, sino como presencia necesaria. En ella, el bolero no cambia de esencia, pero adquiere un tono diferente, una interioridad que lo amplía sin desfigurarlo. Lo que hasta entonces había sido dicho desde una orilla, comienza a revelarse también desde la otra. Y en ese gesto, silencioso pero decisivo, el bolero se reconoce más completo.
“La vida humana no debe ser utilizada como una mercadería más, el objetivo es hacer familia, impulsando la capacidad del calor de hogar para hacer frente a situaciones difíciles o de crisis, poniendo en práctica el derecho y el deber de arrimar el hombro”
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Víctor Corcoba Herrero).- El mundo de las tinieblas nos sobrecoge en cualquier esquina. No olvidemos que somos seres en camino, en búsqueda para ese reencuentro con uno mismo y con los demás, aprendiendo a sobrevivir en medio de un horizonte que no es fácil para nadie. Hoy más que nunca, tenemos que acariciar con la mirada, que activar el acompañamiento a tantos latidos abandonados o perdidos, para que se vuelvan a poner en pie y no queden encerrados para siempre en la condición de atormentados, por la deshumanización de sus semejantes. En efecto, los flujos migratorios siempre han sido un fenómeno que impresiona por sus grandes dimensiones, por los problemas e interrogantes que suscita, lo que nos exige, mayor consideración hacia la humanidad, empezando por desertar de voces que nos dividan.
Sin embargo, la oportunidad como la supervivencia deben estar ahí, siempre a nuestro lado; y, tras la desesperación por reconstruir un futuro esperanzador, la confianza entre análogos jamás debe perderse. Cuando estas ocasiones no existen, la presión económica puede hacer que la migración deje de ser una opción y se convierta en una necesidad. Mejorar e impulsar el emprendimiento y la creación de empleo decente, además de fortalecer los cauces de los sistemas alimentarios mundiales, sobre todo en los territorios rurales, es vital Por otra parte, la comunidad internacional, tiene que reforzar mucho más sus esfuerzos colectivos en mejorar el apoyo a las misiones o remesas, mediante el fomento a un diálogo entre instituciones, centrado en lo humano.
La vida humana no debe ser utilizada como una mercadería más, el objetivo es hacer familia, impulsando la capacidad del calor de hogar para hacer frente a situaciones difíciles o de crisis, poniendo en práctica el derecho y el deber de arrimar el hombro. Ciertamente, el futuro es de la energía joven, que debe afanarse por buscar herramientas, recursos y coyunturas, para forjar su propio camino; pero también los mayores hemos de oírlos. Estos son los que sustentan el porvenir con su experiencia, porque la vida no es sólo desarrollo empresarial, es además avance humano, sin exclusión. Precisamente, la duda cesa, con el cometido en comunión y en comunidad. Así es como se consigue, levantar el sueño de reconstruir. En consecuencia, la solidaridad universal es un hecho y un beneficio colectivo.
Tampoco podemos perder de vista la cuestión de la inmigración irregular, un asunto verdaderamente desolador en las situaciones en que se configura como tráfico y explotación de personas, con mayor riesgo para mujeres y niños. Estos crímenes han de ser decisivamente penados y castigados; mientras que una gestión regulada de los flujos migratorios, que no se reduzca al cierre hermético de las fronteras, al endurecimiento de sanciones, podría al menos limitar los peligros de caer como víctimas del mencionado comercio. Desde luego, la ayuda humanitaria de ser vates de unidad y acogida, es un salvavidas. La cuestión es cubrir servicios esenciales, como la emergencia alimentaria, alojamiento, protección, salud y educación. Sin estos recursos globales, todos estaremos hundidos.
La reciente meditación del Papa León XIV, en su encuentro con los migrantes del centro “Las Raíces” de Tenerife (España), justo en el día en el que la Iglesia celebraba la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que es para los cristianos el amor misericordioso e infinito de Dios, donde no hay distinción alguna y todo se congrega en el grupo, viendo los rostros y escuchando sus testimonios, nadie puede permanecer inmóvil. Sin dejar de lado, de dónde venimos y hacia dónde vamos, ahondemos en nuestras cepas interiores, para que ninguna tormenta nos desmorone. Dejémonos mirar, entremos en el propio pulso y hagamos pausa. Descubriremos, que la paz interior y la sabiduría del hallazgo versátil, nos hace más tiernos y menos bárbaros. ¡Embellezcámonos, pues!
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