El cajero automático

Published by Redacción on

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Mauricio Batalla).- Hace muchos años, mi hijo menor me pidió que le comprara algo. No recuerdo qué era, pero sí recuerdo mi respuesta, mitad broma, mitad intento de educación financiera temprana:

—Enano, ¿y vos de dónde creés que sale la plata?

No dudó ni un segundo:

—Del cajero automático.

En ese momento sonreí. Años después, ya no tanto. Porque con el tiempo entendí que esa lógica infantil no se supera con la edad: simplemente se perfecciona y se convierte en discurso político. Hoy domina buena parte de la conversación electoral en Costa Rica.

En campaña, el país se transforma en un enorme centro comercial. Hay promesas para todos los gustos: más becas, más hospitales, más policías, más subsidios, más ayudas, más Estado… más, más y más. Y como en los cuentos de hadas, nadie explica el pequeño detalle técnico: ¿de dónde va a salir la plata?

El presupuesto nacional se trata como si fuera un cajero automático inagotable. Uno al que basta llegar, marcar un PIN populista y retirar fondos sin límite. La realidad, claro, es menos mágica. Más del 40% del presupuesto se financia con deuda. Pero eso rara vez aparece en los discursos, porque no suena tan bien como “todo gratis para todos”.

Cada promesa sin respaldo no es solidaridad ni visión de futuro. Es una cuenta por pagar. Una que no paga quien promete, sino los contribuyentes actuales y los que todavía ni siquiera votan. O hay una ignorancia alarmante sobre cómo funciona el Estado, o hay una decisión consciente de tratar al elector como a un niño convencido de que la plata brota de una máquina.

A los niños se les enseña que el dinero cuesta, que no alcanza para todo y que hay que escoger. A los políticos, en cambio, se les celebra que prometan el cielo, la tierra y el Wi-Fi gratis, sin preguntarles cómo piensan financiarlo. Pero gobernar no es repartir ilusiones. Gobernar es administrar escasez, priorizar y, a veces, decir “no”.

Así que la próxima vez que escuche una promesa espectacular, haga el ejercicio más simple —y más incómodo— de todos: pregúntese de dónde va a salir la plata.

Y recuerde: el cajero automático no es el Estado.

El cajero automático es usted.

Política de privacidad - - Diseñado por PARWEBCR