El avispón y las hormigas

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por José Cruz).- En un rincón escondido de la selva, había una comunidad trabajadora de hormigas. Día tras día, las pequeñas corrían de un lado a otro construyendo caminos, levantando hojas, cargando ramas. No se quejaban lo hacía felices soñando con hacer de su hormiguero un lugar digno, próspero y justo.

Pero un día llegó el Avispón, con su zumbido fuerte y su mirada de poder. Les dijo que las quiere ayudar, que el con su fuerza les va a proteger mientras trabajan para mejorar su hormiguero, que con él todo sería más “eficiente”.

Las hormigas, ingenuas y esperanzadas, le creyeron.

Pasaron las semanas, y el Avispón empezó a poner condiciones.

Les pedía “colaboraciones”, “aportitos”, y pronto ya se quedaba con la mitad de lo que producían.

Cuando alguna hormiga se atrevía a preguntar por qué, el Avispón rugía:

—“Si no te gusta, puedo buscar otra que sí sepa obedecer.”

El miedo se extendió como humo. Las hormigas dejaron de hablar entre ellas. Algunas fingían admirar al Avispón para no ser marcadas.

Otras se convencieron de que así era la vida: trabajar mucho, ganar poco y aplaudir al que les quita.

Hasta que una hormiga cansada levantó la voz:

—“¡No es justo que el que no trabaja se lleve lo que hacemos todas!”

Y aunque el Avispón intentó callarla con su aguijón, el eco de sus palabras siguió corriendo por la selva. Dicen que, desde ese día, muchas otras hormigas supieron que no son las únicas victimas del avispón, y aunque todavía no levantaron la voz gritando la injustica, ya se están organizándose para que entre todas hagan que toda la selva sepa lo del Avispón.

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