El avispón y la abeja reina

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por José Daniel Cruz Méndez).-  En el corazón del bosque, donde las flores se abren al sol y los secretos se esconden entre los pétalos, surgió un nuevo zumbido de conflicto.

El avispón, conocido por hacer que las hormigas, abejas y otros insectos trabajen para mantenerlo, no era de esos que buscan luces ni cámaras. Prefería el trabajo silencioso, el zumbido constante que mueve la colmena sin figurarse el.

Por eso, un día hizo trato con la abeja reina.

“Vos me ayudas en el equipo, compartimos el néctar, y todos ganan: las hormigas, la colmena y hasta los escarabajos”, le dijo el avispón.

La reina aceptó feliz, imaginando que serviría a todos y, de paso, quizás recibiría unas gotitas extras de polen escondido, que nunca caen mal.

Pero el tiempo pasa, y el néctar sube a la cabeza.

Un día, la abeja miró su reflejo en una hoja brillante y pensó:

“¿Para qué necesito al avispón? Si yo soy la reina, tengo mi ejército, mis alas y mi aguijón. Puedo volar sola”.

Y así fue.

Dejó de enviar las cuotas acordadas, reunió a su enjambre más leal y fue ante los sabios del bosque, decidida a denunciar al avispón y cambiar la historia:

“¡Que se diga que las abejas triunfaron sobre los avispones!”, gritó ante los troncos milenarios.

Pero lo que no calculó la reina fue que el avispón tenía más de una flor en su jardín. 🌼

Nadie sabe si convenció a los sabios con palabras dulces o con banquetes de miel compartidos. Lo cierto es que, frente a todos, el avispón salió como el inocente, el justo, el fuerte que controla su enjambre con disciplina.

La reina, en cambio, terminó con las alas cortadas.

Ahora camina entre las raíces, buscando un lugar para empezar otra colmena.

Dice que, si no lo logra, no importa: hará su caminata nupcial con su zángano favorito, porque —según cuenta— aún le quedan ganas de volar, aunque sea a ras del suelo.

Y así, en el bosque, el zumbido del poder sigue resonando.

Algunos dicen que fue justicia, otros dicen que fue estrategia.

Pero los más sabios murmuran entre hojas secas:

“En la selva, quien corta alas ajenas, siempre teme que un día le aprendan a volar.”

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