EDITORIAL: Informar no es verborrear

Published by Redacción on

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- Calificar un artículo periodístico sustentado en datos como “verborrea” no es un detalle menor de lenguaje. Es una señal que merece atención. Porque, desde una perspectiva ética, verborrear no es informar, ni analizar, ni cumplir con el deber de rendir cuentas. Verborrear es hablar mucho sin aportar contenido relevante. Y confundir deliberadamente ambos conceptos debilita el debate público.

Cuando La Voz de Goicoechea publica cifras, hechos verificables, decisiones administrativas y sus consecuencias, no lo hace para saturar de palabras a la audiencia, sino para garantizar el derecho ciudadano a estar informado. Los datos no son ruido: son evidencia. Y la evidencia es esencial para la memoria pública, la evaluación de la gestión y la toma de decisiones informadas.

Desde la ética periodística, reducir información documentada a una supuesta “verborrea” no contribuye a aclarar los hechos ni a enriquecer la discusión. Al contrario, desplaza el foco del contenido hacia la descalificación, evitando responder a los datos, explicar decisiones o asumir responsabilidades. No es una respuesta informativa: es una evasión del fondo.

El periodismo responsable distingue claramente entre palabras y hechos. Y también entre crítica y ataque personal. Señalar inconsistencias, contrastar promesas con resultados o exponer decisiones públicas no busca desacreditar personas, sino evaluar gestiones que afectan directamente a la comunidad.

Si hablamos con propiedad, la verborrea se manifiesta cuando abundan los discursos sin resultados, las explicaciones cambiantes, las promesas reiteradas que no se materializan y las justificaciones permanentes ante problemas que persisten. Esa práctica sí empobrece el debate público, porque sustituye la rendición de cuentas por retórica.

Cuando una administración enfrenta cuestionamientos sustentados, existen dos caminos legítimos. El primero es el democrático: responder con datos, corregir errores, explicar decisiones y mejorar la gestión. El segundo es desestimar la información y desacreditar a quien la pública. Este último no fortalece la institucionalidad ni el diálogo con la ciudadanía.

Goicoechea necesita gobiernos que informen, planifiquen, ejecuten y rindan cuentas. Y necesita también medios que fiscalicen con rigor, independencia y responsabilidad. La crítica informada no es un ataque: es una herramienta para mejorar la gestión pública.

Desde el periodismo ético conviene recordarlo: las administraciones no son recordadas por cómo descalificaron a la prensa, sino por las obras que realizaron, los problemas que resolvieron y el respeto que mostraron por la inteligencia de su gente.

Las palabras pasan.

Los datos permanecen.

Y la ausencia de respuestas, también.

Política de privacidad - - Diseñado por PARWEBCR