¿Dónde están los jóvenes en los planes de los candidatos?

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- En Costa Rica, hablar de juventud es hablar de un sector que se mueve entre la esperanza y la incertidumbre. Jóvenes que estudian, trabajan, emprenden o buscan trabajo sin encontrarlo; jóvenes que sostienen hogares, cuidan hermanos, hacen fila para becas o caminan largas distancias para llegar al colegio. Para la mayoría, el primer empleo no es un sueño: es la puerta de entrada a una vida digna.

Pero la realidad golpea: Costa Rica sigue teniendo una de las tasas más altas de desempleo juvenil de la región, y una fuerte presencia de empleos informales sin seguro, sin estabilidad y sin oportunidades de crecimiento. Quien comienza su vida laboral en precariedad, muchas veces se queda ahí.

A continuación, un análisis comparativo de cuatro aspirantes: Laura Fernández, Álvaro Ramos, Claudia Dobles y Ariel Robles.

Laura Fernández: Primer empleo y flexibilización laboral

Fernández apuesta a facilitar la contratación reduciendo trámites y permitiendo jornadas flexibles, como la 4×3. Su discurso se sostiene en la idea de que el sector privado contratará más jóvenes si tiene mayor libertad administrativa.

También propone alianzas entre el INA y empresas para capacitar a jóvenes con habilidades demandadas por el mercado, junto con programas de primer empleo para quienes no tienen experiencia previa.

Punto crítico:

La flexibilización laboral puede aumentar la contratación, sí. Pero si no se establecen garantías claras, podría abrir la puerta a mayor precarización, con jornadas largas, bajos salarios y poca estabilidad.

Álvaro Ramos: Educación técnica y mercado laboral

Ramos plantea que para mejorar el empleo juvenil hay que transformar la secundaria y los colegios técnicos para que enseñen habilidades que el mercado realmente necesita. Habla de inglés, ciencia, tecnología e innovación como llaves para acceder a empleos mejor remunerados.

Propone además reducir gradualmente cargas sociales a las empresas para incentivar la contratación joven.

Punto crítico:

Este modelo depende del supuesto de que el crecimiento empresarial “baja” y genera empleo de forma automática. Pero sin mecanismos de protección laboral y seguimiento del empleo juvenil, los beneficios podrían no llegar a quienes más lo necesitan.

Claudia Dobles: Omisión directa del problema

En el programa de Dobles destaca la modernización del Estado, la movilidad, la digitalización y la economía basada en innovación. Sin embargo, no se identifica una propuesta clara o específica orientada a empleo juvenil o seguridad laboral para jóvenes.

Si bien menciona oportunidades en tecnología, no explica cómo se garantizará que los jóvenes —especialmente de zonas vulnerables— puedan acceder a esas oportunidades, qué instituciones formarían, ni con qué recursos.

Punto crítico:

La juventud queda fuera del foco explícito. Se habla de “progreso”, pero no de quién lo vive ni cómo se asegura que nadie quede atrás.

Ariel Robles: Empleo con garantías y Estado como actor directo

Robles defiende el fortalecimiento del Ministerio de Trabajo y la protección de los derechos laborales existentes, rechazando la flexibilización de jornadas. Su propuesta busca reducir la informalidad reforzando inspecciones y sanciones a empleadores que incumplen.

En materia de oportunidades, promueve:

Empleo público temporal juvenil en cultura, ambiente, deporte y educación comunitaria.

Becas ampliadas para estudios técnicos y universidades públicas.

Impulso a cooperativas y emprendimientos colectivos juveniles.

Punto crítico:

Requiere inversión estatal significativa y una estrategia fiscal sólida para sostener estos programas a largo plazo.

¿Por qué este debate importa?

Porque el destino laboral de una generación define el país que seremos.

Si los jóvenes ingresan a empleos informales, sin seguro y sin formación, el resultado es claro: más desigualdad, más migración interna y externa, y mayor riesgo de reclutamiento por economías ilícitas.

Si, por el contrario, se invierte en empleo digno y educación accesible, el país gana productividad, innovación y estabilidad social.

 Elegir un proyecto de país implica preguntarse:

¿Los jóvenes tendrán un futuro donde puedan trabajar con dignidad, aprender y crecer?

¿O se les seguirá pidiendo “experiencia” sin darles la primera oportunidad?

Este debate no es técnico.

Es profundamente humano y político.

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