Cuando ser joven o tener experiencia se vuelve un problema

Published by Redacción on

En Costa Rica se repite una frase que suena bien, pero que cada vez se sostiene menos: “El que quiere trabajar, trabaja”

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- La realidad del empleo hoy demuestra otra cosa. Hay personas que quieren, pueden, están preparadas, y aun así quedan fuera. Especialmente dos grupos: los jóvenes que intentan entrar al mercado laboral y las personas mayores de 45 años que buscan mantenerse en él.

No es casualidad. Es un síntoma

Cada año, miles de jóvenes —con títulos universitarios, técnicos u oficios aprendidos en la práctica— salen al mercado laboral esperando su primera oportunidad. Sin embargo, el mensaje que reciben es contradictorio y frustrante: se les exige experiencia para empezar, pero nadie está dispuesto a ofrecerla.

“Me piden experiencia para todo. He ido a más de 15 entrevistas y siempre es lo mismo: que mi perfil es bueno, pero que necesitan a alguien con más recorrido. ¿Cómo se supone que empiece?” indica Pamela una Joven de 23 años, recién graduada.

El problema no se limita a quienes pasaron por la universidad. También golpea a jóvenes que aprendieron un oficio desde temprano, trabajando y formándose en la práctica.

“Aprendí el oficio trabajando desde los 18 años. Sé hacer el trabajo, pero ahora me piden certificados, cursos y recomendaciones que nunca exigieron antes. La experiencia sola ya no alcanza.” — Eddy, de 26 años

La consecuencia es una generación atrapada entre la   y la precariedad: pasantías no remuneradas, contratos temporales sin garantías o trabajos informales que poco tienen que ver con su formación.

El impacto no es solo económico. Es emocional

Ansiedad, frustración, pérdida de confianza y una peligrosa sensación de estar fallando, cuando en realidad el sistema es el que no está funcionando.

Del otro lado del espectro está una realidad igual de dura y menos visible: la de las personas mayores de 45 años. Personas con años de trabajo, criterio, estabilidad y conocimiento práctico que, al quedar fuera del mercado laboral, descubren que su experiencia ya no abre puertas… las cierra.

“Tengo más de 20 años de experiencia, pero desde que perdí mi trabajo nadie me llama. Antes me buscaban, ahora ni siquiera responden los correos.”— Don Jorge, mayor de 45 años

En entrevistas y procesos de selección aparecen preguntas que rara vez se dicen de frente, pero que pesan: si se adaptan a equipos jóvenes, si dominan tecnología, si no serán “muy caros” o “difíciles de moldear”.

Esta exclusión también alcanza a quienes han vivido del trabajo físico y los oficios durante toda su vida.

“Toda mi vida he trabajado en construcción y mantenimiento. El cuerpo ya no responde igual, pero todavía puedo aportar. El problema es que nadie quiere contratar a alguien ‘mayor’, aunque sepa.” — Don Francisco, 56 años

El resultado es devastador: personas empujadas al autoempleo sin red, a la informalidad o a largos periodos de desempleo que afectan su salud mental, su estabilidad económica y su dignidad.

Aunque parezcan situaciones distintas, jóvenes y personas mayores enfrentan el mismo fondo: un mercado laboral rígido, desconectado de la realidad y poco dispuesto a adaptarse a las distintas etapas de la vida.

“Mi hijo no consigue su primer empleo y yo no consigo otro. En esta casa nadie es flojo, pero el sistema nos dejó por fuera a los dos.” — Doña Yamileth de 46 años.

No se trata de falta de esfuerzo individual

Se trata de un modelo que exige mucho y ofrece poco; que habla de productividad mientras desperdicia talento; y que responsabiliza a las personas por fallas estructurales que no controlan.

El impacto de esta realidad no se mide solo en tasas de desempleo. Se refleja en jóvenes que dejan de creer en el sistema, en adultos que sienten que su vida laboral terminó antes de tiempo y en familias enteras viviendo con incertidumbre.

Un país que no logra integrar a quienes empiezan ni proteger a quienes ya aportaron durante años, se debilita desde adentro.

La inserción laboral de jóvenes y la permanencia digna de las personas mayores de 45 años no pueden seguir tratándose como problemas secundarios ni como responsabilidades individuales. Son retos nacionales que requieren políticas públicas reales, compromiso del sector privado y una visión de largo plazo.

Esta es una de las grandes tareas pendientes que heredarán los próximos gobiernos: reconstruir un mercado laboral que entienda las distintas etapas de la vida, valore la experiencia, abra oportunidades reales de inicio y deje de excluir a quienes todavía tienen mucho que aportar.

Porque el empleo no es solo un tema económico.

Es una cuestión de dignidad, de justicia social y de futuro país.

Política de privacidad - - Diseñado por PARWEBCR