Cuando el remedio fue peor que la enfermedad

Published by Redacción on

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- En la historia reciente de América Latina, las dictaduras más conocidas no surgieron como proyectos explícitos de opresión ni se impusieron únicamente por la fuerza de las armas. En la mayoría de los casos, nacieron como respuesta a un profundo descontento popular, acumulado durante décadas de corrupción, abuso de poder, desigualdad, gobiernos desconectados de la realidad social y sistemas políticos incapaces de renovarse.

El hartazgo era real.

La indignación ciudadana también

Los pueblos reclamaban orden, justicia, estabilidad y un alto a los privilegios de élites políticas que parecían eternas e intocables. En ese contexto, la democracia dejó de verse como una solución y comenzó a percibirse como parte del problema.

Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Cuba y otros países compartieron una narrativa casi idéntica en los momentos previos a sus quiebres democráticos:

“Las instituciones no funcionan.”

“La corrupción es estructural.”

“El sistema está secuestrado.”

“Hay que hacer una limpieza.”

“Después se devolverá el poder al pueblo.”

Este discurso no surgió de la nada. Fue alimentado por años de gobiernos débiles, pactos de impunidad, clientelismo y exclusión social, donde las promesas de cambio se repetían elección tras elección sin transformaciones reales. Así, una parte importante de la ciudadanía dejó de defender la democracia porque ya no la sentía suya.

En ese escenario, amplios sectores sociales aceptaron —y en algunos casos celebraron— la suspensión de garantías democráticas, convencidos de que se trataba de un mal necesario para corregir abusos acumulados.

Se cerraron congresos.

Se limitaron los partidos políticos.

Se censuró la prensa.

Se concentró el poder.

Todo fue presentado como temporal

Sin embargo, al eliminar los mecanismos que permiten el cambio democrático —elecciones libres, contrapesos institucionales, libertad de expresión y control ciudadano— los pueblos no castigaron a los malos gobiernos: renunciaron a la posibilidad de reemplazarlos.

Las dictaduras latinoamericanas se consolidaron sobre una paradoja trágica: nacieron prometiendo acabar con el abuso y terminaron ejerciendo uno aún mayor, pero ya sin mecanismos legales para ser removidas.

Lo que comenzó como una “solución excepcional” se transformó en años —y en algunos casos décadas— de autoritarismo, persecución política, exilio, desapariciones forzadas y miedo. El pueblo, que buscaba castigar a quienes abusaron del poder durante años, quedó atrapado en sistemas donde ya no podía decidir cuándo ni cómo cambiar a sus gobernantes.

La historia regional deja una enseñanza incómoda pero necesaria: cuando el descontento legítimo se canaliza eliminando la democracia, el resultado nunca es más poder para el pueblo, sino menos.

Las democracias pueden ser lentas, imperfectas y frustrantes. Pero son el único sistema que permite corregirse sin violencia y sin perder derechos fundamentales. Cada vez que una sociedad acepta sacrificar controles, libertades y pluralismo en nombre del orden o de una supuesta limpieza moral, abre la puerta a problemas mayores y mucho más difíciles de revertir.

Este análisis no responde a una opinión coyuntural ni a una postura política partidaria. Responde a un patrón históricamente verificable, documentado de forma consistente en América Latina y en otras regiones del mundo.

Las dictaduras no emergieron del rechazo a la democracia en sí misma, sino del desgaste acumulado por décadas de corrupción, abuso de poder y sistemas políticos incapaces de renovarse. Sin embargo, la experiencia histórica demuestra que, al desmantelar los mecanismos democráticos para castigar esos abusos, los pueblos renunciaron también a la posibilidad de corregirlos de forma pacífica y soberana.

El patrón se repite una y otra vez: el descontento legítimo abre la puerta, el discurso de salvación la cruza y la concentración del poder la cierra.

No es una advertencia ideológica.

Es una lección histórica que ya fue pagada.

Política de privacidad - - Diseñado por PARWEBCR