Costa Rica frente al espejo: ¿Puede el Estado ganarle al narco?

Published by Redacción on

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak; comunicador).- En Costa Rica, la realidad golpea las puertas: el ruido lejano de las balas ya no es un problema ajeno. Lo que antes se minimizaba como un tema “de paso” —bandas extranjeras usando al país como corredor— hoy tiene rostro, nombre y territorio. El narcotráfico dejó de ser un visitante y se volvió vecino. Las comunidades lo ven, la juventud lo siente y las instituciones lo reconocen a medias mientras la violencia se filtra por los callejones olvidados y los portillos del Estado.

Ante este panorama, surge una pregunta que el país ya no puede evadir: ¿Puede Costa Rica combatir al narco o ha perdido demasiado terreno?

La respuesta no es fácil, pero tampoco debe ser fatalista. Lo que se vive no es una derrota definitiva, sino una severa advertencia. El futuro dependerá de la voluntad real del Estado para actuar y de la disposición para aceptar la magnitud de la verdad.

El fin de un mito peligroso

Durante años, Costa Rica se refugió en un cuento cómodo: el narco solo “pasaba” por el territorio. Este mito, mantenido en silencio, permitió que el problema se enraizara sin ser enfrentado con la seriedad debida, dejando al Estado luchando con herramientas del siglo pasado.

Hoy, la dimensión del problema es otra: el narcotráfico ya no solo transita; recluta, financia, controla, lava dinero y, en muchos lugares, decide. Hay barrios donde la policía entra con cautela y donde los líderes comunales exigen el anonimato para hablar. El país despertó tarde, pero despertó, y ahora enfrenta una estructura criminal que avanza más rápido que la burocracia diseñada para detenerla.

Falta de músculo, no de voluntad

Es innegable que Costa Rica combate al narco: se registran decomisos históricos, se detienen a cabecillas de bandas y existe coordinación internacional. Sin embargo, en la misma medida en que el Estado corre, el narco corre más rápido.

La lucha se ve debilitada por una carencia estructural: falta de músculo. La Fuerza Pública opera con uniformes gastados y vehículos que fallan, con salarios que no compiten con el dinero ilícito. Jueces y fiscales se ahogan en expedientes con equipos pequeños, mientras que los escáneres en puertos y aeropuertos son insuficientes para la demanda real. No es un tema de falta de voluntad, es un problema de inversión y modernización urgente.

El control territorial que se juega en silencio

Donde el Estado tarda en llegar con sus programas sociales y su presencia institucional, alguien llega antes. El narco lo sabe: se infiltra en asociaciones de desarrollo, comités deportivos, procesos de permisos y hasta en disputas vecinales.

De esta forma, compran simpatía, silencio o miedo.

En esta batalla silenciosa, los gobiernos locales pierden terreno. Las municipalidades no fueron diseñadas para enfrentar a un enemigo que paga en efectivo y que no pide factura.

Costa Rica puede inyectar más policías, comprar helicópteros y duplicar los arrestos. Pero si un joven ve más futuro en una banda criminal que en un empleo mal pagado, la ecuación jamás cambiará.

La pelea real no es solo de seguridad, es de igualdad. En cada barrio vulnerable donde falta un programa deportivo, un empleo joven, una beca, cultura y presencia estatal, el narco escribe su propio currículo de reclutamiento.

La ruta de la victoria: adaptarse o perder

La pregunta clave no es si el país tiene la capacidad de combatir al narcotráfico, sino si está dispuesto a hacer lo que realmente se necesita:

Modernizar la Fuerza Pública y la infraestructura judicial.

Blindar las municipalidades contra la infiltración del dinero ilícito.

Fortalecer la inteligencia financiera para seguir la ruta del dinero.

Proteger a los líderes comunales que se atreven a denunciar.

Construir una red social de oportunidad que le ofrezca a cada joven una alternativa real a la delincuencia.

La lucha no se gana solo con operativos espectaculares, ni con conferencias de prensa. Se gana cuando un país decide que su gente vale más que el miedo.

Costa Rica, si quiere vivir sin la sombra del narco, tendrá que tomar la decisión ahora. Porque el narco no descansa, pero un Estado que despierta a tiempo… tampoco.

Política de privacidad - - Diseñado por PARWEBCR