Colonias La Mora, y Rodrigo Facio Brenes: La descolonización de San José

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LA VOZ DE GOICOECOECHEA, (Por Gerardo A. Pérez Obando, escritor).- Costa Rica se transformaba. En 1940, éramos un Estado totalmente agrícola dependiente del café y el banano. Nuestra población era descalza, niños con parásitos, y muchísima pobreza. Por el entorno, en su mayoría nuestros ascendientes eran peones con bajos ingresos y familias compuestas casi siempre por más de cinco hijos complicando la situación, aunque posiblemente felices porque existía la resignación de tener la descendencia que Dios mandaba, ya que cada niño “nacía con un bollo de pan bajo el brazo”.

Posterior al movimiento social político de 1948, se generó un proyecto para industrializar el país y superar la etapa agrícola. No había dinero, pero existía la banca extranjera. El primer paso fue nacionalizar parte de esa banca, y protegerla de la privada restante.

La necesidad de la fuente energética que demandaría la futura industrialización, hizo nacer al Instituto Costarricense de Electricidad, eliminando de paso las candelas y canfineras con que nos alumbrábamos, y la cocina con leña.

Posteriormente, se crearon zonas industriales en Pavas, la Uruca, San Francisco de dos Ríos y otras. Teníamos energía eléctrica, tres zonas industriales, pero no mano de obra. Eso hizo que el Estado incentivara el llamado de migración de zonas alejadas, hacia San José, estableciendo ciudades dormitorio en casas construidas por el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU) en Hatillo, la Uruca, y otros.  

Con el tiempo, San José dejó de ser la ciudad compacta que se conocía, experimentando crecimiento demográfico y falta de vivienda que hizo mirar a la periferia. El inicio del proceso de transformación fue descolonizarla con una expansión urbana que convirtió montañas, cafetales y potreros, en barrios populares. Mientras el sur se urbanizaba, el este comenzaba a poblarse.

A inicios de 1960, más de seiscientas familias emigraron hacia las montañas de Goicoechea, donde el INVU había construido las dos primeras colonias, La Mora y Rodrigo Facio Brenes. El camino no fue fácil por el frío, lejanía, calles sin asfalto, transporte escaso y, sobre todo, carencia de agua potable, pero se anteponía la esperanza y la culminación del anhelo de tener casa propia.

El menor conglomerado poblacional de La Mora, facilitó su organización interna. En la comunidad Rodrigo Facio, fue más despaciosa, pero en ambos casos la vida comunitaria se forjó bajo el principio de la solidaridad.

En la colonia Rodrigo Facio Brenes, bajo techos improvisados, las primeras reuniones se realizaron en un rústico y único salón comunal, donde se planificaron los pasos para lograr servicios esenciales, bajo la tutela de líderes irremplazables donde, sin protagonismo, se expandió el atletismo, la Cruz Roja, la Biblioteca Pública de Ipís, la Asociación de Desarrollo Integral de la mano de DINADECO, y la primera y única Casa de la Cultura (Frank Herrera) en el Cantón de Goicoechea.

Pese a que las adversidades del momento hicieron que muchos de los pioneros desistieran del intento, ambas colonias no solo crecieron en infraestructura, sino en identidad. La Mora y Rodrigo Facio Brenes se convirtieron en núcleos familiares que dieron origen a nuevas urbanizaciones.

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