
VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- Este versículo nos revela una promesa maravillosa: todo cambio verdadero y transformador viene de lo alto, por la acción del Espíritu de Dios. No se trata del esfuerzo humano aislado, sino de la gracia que se derrama sobre nosotros cuando nos abrimos a ella.
La imagen es poderosa: lo estéril, lo seco, lo que parece sin vida —el desierto— se transforma primero en campo fértil, y luego en bosque frondoso. Nos habla de una transformación progresiva y abundante: