
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por José Daniel Cruz Méndez).- En el corazón de la selva había un sendero ancho que todos los animales necesitaban para vivir. Por ahí circulaban frutas, agua, medicinas y semillas que mantenían con vida el bosque.
Para que ese camino no se tapara, la comunidad tenía unas grandes carretas que se encargaban de recoger las hojas y ramas que caían. Si las carretas fallaban, el camino se bloqueaba. Si el camino se bloqueaba, la selva se detenía.
Por eso, cada vez que una carreta se dañaba, había que llevarla al Taller del Lagarto Tuerto.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Tony Araya).-. Hubo un tiempo en que el sindicato era trinchera. Un refugio y una bandera. Un espacio donde la voz del trabajador retumbaba con fuerza, con dignidad y sin miedo. Hoy, en demasiados casos, ese eco se apaga tras un rótulo que dice “cerrado por remodelación”.
Pero en los planos de esa supuesta remodelación, se reconocen formas familiares: nombres que pronto aparecerán en papeletas electorales, puestos asegurados en algún despacho de Cuesta de Moras, o silencios cómodos que se compran con promesas.