

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).– En medio del bullicio de la política nacional —donde los discursos se inflan más rápido que los presupuestos y las cámaras persiguen promesas como si fueran mariposas—, hay un terreno donde la democracia se juega de verdad: la comunidad. Ahí, entre el bache que nunca se tapa y el poste que lleva tres meses apagado, se encuentra un actor silencioso pero esencial: el síndico municipal.
Lejos del glamour legislativo o del ruido mediático, el síndico representa el rostro humano de la política. Es quien escucha al vecino que llega indignado porque se inundó la calle, o a la madre que pide un parque seguro para sus hijos. No firma tratados ni aparece en la televisión, pero su papel tiene más impacto en la vida cotidiana que muchos ministros.

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- En la esquina de la entrada a Calle 25, contigua al antiguo Patos Bar, una empresa contratada por la Municipalidad de Goicoechea realizó recientemente trabajos de mejora que los vecinos califican como un gran avance después de casi 40 años de improvisaciones.
Los residentes celebran la calidad de la obra, destacando que por fin se corrigieron múltiples deficiencias históricas en ese punto crítico, al que muchos apodan “la platina de Calle Blancos”. Las nuevas aceras, el rediseño de los desagües, la limpieza de alcantarillas y el buen acabado general han sido reconocidos como un cambio positivo en la zona.
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