Opinión
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por José Antonio Tabora, coach de vida).- Venezuela volvió a sentir la fuerza de la tierra. El terremoto sacudió hogares, familias, ciudades enteras y dejó una estela de dolor, miedo, pérdidas materiales y preguntas en el alma. Cuando la tierra tiembla, también tiembla el corazón del ser humano.
Consecuencias del terremoto en Venezuela
Consecuencias físicas y materiales: Casas agrietadas, edificios colapsados, carreteras bloqueadas, hospitales saturados. El golpe a la infraestructura empeora la crisis que ya vivía el país. Eclesiastés 1:4: “Generación va, y generación viene; más la tierra siempre permanece”.
Consecuencias emocionales y psicológicas: Pánico, ansiedad, insomnio, estrés postraumático. Los niños preguntan “¿va a temblar otra vez?”. Los adultos pierden la sensación de seguridad. Salmos 46:2-3: “Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida”.
Consecuencias sociales y económicas: Familias sin techo, negocios paralizados, escasez de agua y alimentos. El terremoto golpea más fuerte a los más pobres. Isaías 58:10: “Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida”.
Consecuencias espirituales: Los terremotos nos recuerdan que no controlamos nada. Hebreos 12:26-27: “Hará temblar no solamente la tierra, sino también el cielo”. Dios usa el temblor para que el hombre vuelva sus ojos al Cielo. Lucas 21:11: “Habrá grandes terremotos… y grandes señales del cielo”.
¿Qué hacer en medio de la crisis?
Solidaridad inmediata: Ayuda al que está al lado. Mateo 25:35: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber”. Venezuela necesita manos, no solo palabras.
No perder la fe: El temblor destruye casas, pero no destruye al Dios que nos sostiene. Salmos 18:2: “Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador”.
Prepararse y orar: Prevención física y cobertura espiritual. Proverbios 22:3: “El prudente ve el mal y se esconde”.
Oración por Venezuela tras el terremoto
Padre Celestial, en el nombre de Jesús levantamos a Venezuela delante de Ti.
Tú eres el Dios que hace temblar la tierra y también el Dios que la sostiene. Salmos 104:32. Hoy clamamos por cada familia que perdió su casa, por cada niño asustado, por cada herido, por cada rescatista agotado.
Señor, consuela a los que lloran. Mateo 5:4: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”. Es refugio para los que no tienen techo. Salmos 46:1: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.
Reprendo el espíritu de miedo y pánico que se levanta tras el temblor. 2 Timoteo 1:7. Declaro paz sobre Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto y cada ciudad de Venezuela. Juan 14:27: “Mi paz os doy”.
Levanta a Venezuela. Isaías 61:4: “Edificarán las ruinas antiguas”. Da sabiduría a las autoridades para reconstruir. Envía ayuda nacional e internacional. Multiplica los alimentos, el agua, los medicamentos.
Sana la tierra, sana los corazones, sana la nación. 2 Crónicas 7:14: “Si se humillare mi pueblo… yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.
Declaramos: Venezuela no está sola. Dios está en medio de ella. Salmos 46:5. El terremoto no define el futuro de Venezuela. Dios lo define.
Amén y amén.
Que Venezuela se levante más fuerte. El temblor pasó, pero Dios permanece. Salmos 125:1.
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