El cierre del Parque Santiago Jara silencia el último granizado: “Paisita” emigra a Limón tras 47 años en Guadalupe

Gerardo Quesada Araya, el emblemático vendedor de copos, deja el cantón contra su voluntad debido a la caída de sus ventas. Vecinos lo despiden con cariño mientras el parque permanece cerrado por remodelación
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).- Quienes recorren a diario el corazón de Guadalupe ya notan el vacío. No es solo el cerco perimetral que oculta las canchas y los árboles del Parque Santiago Jara. Es algo más íntimo: la ausencia de su carrito, su sombrilla y el tintineo del hielo al ser raspado.
Después de 47 años de vivir en Guadalupe, Gerardo Quesada Araya —para todo el mundo, “Paisita”— empaca sus recuerdos y se devuelve a su natal Limón. No porque quiera, sino porque el cierre del parque lo dejó sin aliento comercial.
“Lo tengo que hacer casi que obligado por mi situación laboral”, confiesa con la voz entrecortada, mientras desarma su modesto puesto.
Si usted pregunta por Gerardo Quesada en cualquier soda o esquina de Goicoechea, pocos le sabrán decir. Pero si pregunta por “Paisita, el de los copos y granizados”, hasta un niño le señala el sitio vacío donde durante tres décadas endulzó las tardes guadalupanas.
Una pensión de 80 mil y un alquiler de 100 mil
A sus 79 años, Paisita vive solo. Su pensión ronda los 80 mil colones mensuales, pero su habitación le cuesta 100 mil. La diferencia —y la comida, y los gastos— los sacaba vendiendo granizados en el parque. Sin embargo, con el cierre del Parque Santiago Jara, sus ventas se desplomaron “casi en un 95%”.
“Soy un adulto mayor, no me alcanza. Y sin el parque abierto, la gente no se detiene. Ya nadie se sienta a conversar”, lamenta.

De la construcción al hielo: 30 años bajo la sombra de los árboles
Paisita llegó a Guadalupe hace 47 años, huyendo de una historia personal que marcó su vida: “Desde que mi esposa me abandonó, me vine para Guadalupe y le ofrecí mi corazón a Dios”. Aquí trabajó 17 años en labores de construcción y en oficios varios, hasta que encontró su verdadera vocación: preparar copos y granizados en pleno parque central.
Durante 30 años fue testigo de cumpleaños, pedidas de mano, domingos de feria y tardes de colegio. Sin ningún título académico, Paisita construyó una cátedra de dignidad: “Dios me ha dado la preparación necesaria para llegar a esta edad, sin necesidad de hacer cosas que me afecten ni hagan daño a otros. No tengo vicios y hago diariamente lo que creo que agrada a mi Dios”.
Un hombre de fe, bicicleta y 8 nietos
Paisita es padre de tres hijos (un hombre y dos mujeres), abuelo de 8 nietos y bisabuelo de 5 bisnietos. Hace 48 años está separado y, aunque vive solo, asegura no padecer ninguna enfermedad. Todas las mañanas monta bicicleta y hace ejercicios: “Ya con 79 años no puedo nadar ni competir como en mi juventud, pero me transporto en bici y soy feliz”.
Su fe es su motor. Y aunque el cierre del parque lo obliga a irse, no se va enojado: “La vida es interesante, principalmente si uno entrega a Dios ese ser supremo que vemos pero que está presente con nosotros las 24/7, durante toda la vida que nos permita vivir en esta tierra”.
El adiós a un símbolo de Guadalupe
Vecinos del cantón han empezado a despedirse de Paisita con abrazos y comprando sus últimos granizados. “Es parte de Guadalupe. Sin él y sin el parque, el centro está más triste”, comenta doña Carmen Alvarado, vecina de la zona.
Desde La Voz de Goicoechea nos unimos al sentimiento general: Paisita se lleva consigo el sonido del raspador contra el hielo, la sonrisa de adulto mayor en bicicleta y una forma honesta de habitar el espacio público. Ojalá que su Limón natal lo reciba con el cariño que él regó durante casi medio siglo en estas aceras.
Que Dios lo acompañe, Paisita. El Parque Santiago Jara —aunque cerrado por remodelación— seguirá guardando su eco.
