¿PASEO BONITO O PESADILLA EN LA ACERA? EL RETO DE RECOGER LAS HECES DE NUESTRAS MASCOTAS

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Greggory Karl Gordon Cruickshank, columnista).- aceraspor los barrios de nuestro cantón y del país es, para muchos, un momento de esparcimiento. Ver a los vecinos paseando a sus perros es parte del paisaje cotidiano; sin embargo, esta actividad tiene una cara sucia que está agotando la paciencia de las comunidades: los desechos abandonados en las aceras.

En nuestras calles conviven tres tipos de dueños. Primero, el responsable, que siempre lleva sus bolsitas y limpia sin que nadie se lo pida. Segundo, el “oportunista”, que sale sin bolsas y, en cuanto nota que nadie lo ve, deja el “regalito” frente a la casa de un vecino porque no llegó a tiempo al parque. Y finalmente, el más preocupante: aquel que lleva a su mascota suelta y finge indiferencia cuando el animal hace su desastre en propiedad ajena o espacios públicos.

Un laberinto de burocracia

Aunque muchos ciudadanos exigen castigos, la realidad es que el camino para sancionar es un laberinto. Actualmente, existen normativas y multas que podrían ascender hasta los ¢850.000, pero el proceso es lento y burocrático.

Al consultar al Servicio Nacional de Salud Animal (SENASA) sobre cuánto tardan en resolver una denuncia, la respuesta es compleja: no hay un tiempo definido, pues depende de la “urgencia” y la gestión de casos. En la práctica, esto significa que llenar un formulario puede sentirse como un esfuerzo perdido; para cuando llega la respuesta, es probable que la situación se haya repetido cientos de veces.

En municipalidades como la de Goicoechea, la Policía Municipal y la Contraloría de Servicios atienden reportes, pero la carga de la prueba recae sobre el denunciante. Sin cámaras de vigilancia o evidencias contundentes (fotos y videos), probar la infracción se vuelve una tarea casi imposible para el vecino afectado.

Una propuesta para el cambio

No podemos permitir que iglesias, parques y entradas de casas sean utilizados como “excusados” públicos ante la mirada indiferente de los dueños. Para solucionar esto, es necesario atacar el problema desde tres frentes:

Educación real: Campañas de concientización que recuerden que tener una mascota es una responsabilidad, no un derecho a ensuciar el espacio común.

Agilidad municipal: Necesitamos procedimientos más rápidos. Si un vecino aporta pruebas claras, la autoridad debería poder actuar de inmediato, visitando el domicilio del infractor para aplicar la ley de forma efectiva.

Leyes modernas: Es hora de que los próximos legisladores creen reglas nacionales más expeditas que eliminen el papeleo innecesario y aseguren la limpieza de nuestras ciudades.

La solución más rápida y efectiva siempre será la misma: si es su mascota, es su responsabilidad. Recoger los desechos no es un favor para la comunidad, es un deber básico de convivencia.

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