Semana Santa: el Misterio de la Fe y la Luz

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Gerardo A. Pérez Obando (Gapo), columnista).- La Semana Santa es una de las festividades más antiguas y complejas del cristianismo cuya fecha y simbolismo están profundamente ligados a la observación del cielo. Históricamente conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Su origen se remonta a los primeros siglos del cristianismo, inspirándose en la estructura narrativa de los Evangelios.
Inicialmente existía una conexión judía porque los cristianos celebraban la Pascua al mismo tiempo que la Pascua judía (Pésaj), ya que, según los textos sagrados, los eventos de la Pasión ocurrieron durante esa festividad. Luego se dio una unificación para evitar que las comunidades celebraran en fechas distintas. EI Concilio de Nicea, 325 d C estableció una regla única para fijar el Domingo de Resurrección
Se da un cambio de fecha cada año, a diferencia de la Navidad porque se rige por un calendario lunar y no solar. La regla de oro es que se celebre el primer domingo después de la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera en el hemisferio norte, alrededor del 21 de marzo.
Debido a que el ciclo lunar dura unos 29.5 días, el rango de la festividad puede oscilar entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Por ejemplo, este año 2026, el Jueves Santo caerá el 2 de abril.
La presencia de la luna llena no es coincidencia, sino un simbolismo. Un elemento cargado de significado porque era una guía nocturnal. Históricamente permitía a los peregrinos que viajaban a Jerusalén caminar de noche con seguridad gracias a su luz intensa. Espiritualmente simboliza la perfección, la claridad y la plenitud. En el contexto de la Semana Santa, representa la luz de la Resurrección que vence a la oscuridad del pecado y la muerte.
A la luna llena de abril se la conoce como “Luna Rosa”, no por su color, sino por la floración de ciertas flores silvestres en esa época, vinculando la fe con el renacer de la naturaleza. Cada día de la Semana Santa tiene un propósito espiritual y narrativo que marca el ritmo de la celebración.
En el significado de los días mayores, el Jueves Santo conmemora la Última Cena, el lavatorio de los pies y la institución de la Eucaristía. Es un día de humildad y servicio. El Viernes Santo es el día de mayor recogimiento, donde se recuerda la Crucifixión. Tradicionalmente, es día de silencio y ayuno. El sábado de Gloria es un tiempo de espera que culmina en la Vigilia Pascual, la celebración más importante del año cristiano; y, el Domingo de Resurrección es la fiesta de la luz y la esperanza donde se celebra el triunfo de la vida sobre la muerte.
El uso del calendario lunar para fijar la fecha genera fenómenos curiosos. La Semana Santa nunca puede empezar antes del 22 de marzo ni terminar después del 25 de abril. Si la luna llena cae en domingo, la Pascua se traslada al domingo siguiente para no coincidir con el Pésaj judío.
La Luna de los viajeros. Antes de existir la electricidad, la “Luna de Pascua” era vital. Los fieles dependían de ella para realizar las procesiones nocturnas y para que los peregrinos pudieran regresar a sus hogares iluminados por la luz del cielo.
La organización de la Semana Santa en el Vaticano es una tarea de alta precisión que recae principalmente en dos organismos clave de la Curia Romana encargados de que cada rito y protocolo funcione perfectamente.
En nuestra región, la Semana Santa coincide con el final de la época seca y el inicio de las primeras lluvias. La floración del café, al igual que la “Luna Rosa” en el norte, marca el renacer floral. En nuestras tierras el aroma del café en flor suele acompañar los días de reflexión, vinculando nuestra identidad agrícola con la fe y la gastronomía de vigilia. Es el momento de las recetas tradicionales, cambiando las carnes rojas por empanadas de chiverre, arroz con palmito, bizcochos, uniendo a las familias alrededor de la mesa.
La Semana Santa es una invitación a pausar y observar. Así como la luna cumple su ciclo de oscuridad a plenitud, estos días nos proponen un camino de renovación personal.