En las alturas del poder habita la fragilidad humana: 20 de marzo día histórico para el país

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“Cuando la historia duele, también educa; porque en los momentos más difíciles de una nación se revela la urgencia de formar ciudadanos con integridad, conciencia y responsabilidad.”

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Dra: Ana Yury Navarrete).- No quisiera dejar pasar un acontecimiento tan histórico como doloroso para Costa Rica. Esta no es una reflexión política, ni pretende emitir juicios sobre personas en particular. Es, ante todo, una invitación serena a pensar como sociedad, a mirarnos con honestidad y a meditar sobre el momento que vivimos como nación.

No es desconocido para nadie que Costa Rica atraviesa tiempos difíciles, marcados por la inseguridad, el crecimiento del narcotráfico y la preocupación constante de muchas familias que anhelan vivir en paz.

 En medio de esta realidad, el país ha dado un paso que quedará inscrito en su historia institucional: la primera extradición de ciudadanos costarricenses hacia los Estados Unidos, en el marco de la lucha contra el crimen organizado.

Dentro de esta página de la historia nacional, también resulta justo reconocer, con respeto, el aporte de una mujer que ha tenido presencia y participación en un momento decisivo para el país, particularmente a partir de la Reforma Constitucional Ley N° 10730, “Ley para permitir la extradición de nacionales”, fue emitida el 20 de mayo de 2025 y entró en vigor el 28 de mayo de 2025, publicada en La Gaceta Digital N° 96 del 28 de mayo de 2025. Me refiero a doña Pilar Cisneros Gallo, mujer extranjera nacionalizada costarricense, cuya intervención pública y cuya propuesta en materia de reformas orientadas al combate del narcotráfico pasaron a formar parte de un debate nacional de especial relevancia.

Más allá de las diversas posiciones que este tema pueda suscitar, este hecho permite valorar la presencia y la contribución de las mujeres en los procesos históricos de una nación, especialmente cuando participan activamente en decisiones que marcan el rumbo institucional del país. Reconocer estos aportes constituye también una manera de hacer memoria histórica y de resaltar el valor de la participación femenina en asuntos de proyección nacional e internacional.

Este hecho reviste un profundo significado simbólico, especialmente porque una de las personas extraditadas ocupó en otro tiempo algunos de los más altos cargos de responsabilidad en la vida pública nacional: ministro de Seguridad, director de la DIS, fiscal general de la República y Magistrado de la Sala Tercera del Poder Judicial. Es precisamente allí donde emerge una de las lecciones más duras, pero también más humanas, de este momento histórico: comprender que ninguna sociedad está completamente exenta de enfrentar realidades complejas, incluso cuando se trata de personas que en su momento representaron autoridad, confianza y poder.

Más allá del dolor y del impacto que esto produce, este caso debería convertirse en una oportunidad educativa para el país. Debe invitar a las escuelas, colegios, universidades e instituciones a reflexionar sobre la formación ética, el ejercicio del poder, la responsabilidad pública y la fragilidad humana. Porque cuando una persona que ha ocupado puestos de gran relevancia cae en escenarios tan delicados, no solo se cuestiona su historia individual, sino también la necesidad de fortalecer, como sociedad, los valores, los controles y la conciencia moral en todos los espacios.

Este acontecimiento nos recuerda que el poder sin integridad puede convertirse en una gran vulnerabilidad, y que ninguna investidura exime al ser humano de sus decisiones. También nos enseña que un país debe educar no solo para el éxito profesional, sino para la rectitud, la prudencia, transparencia, objetividad y el compromiso con el bien común.

Costa Rica vive hoy una jornada histórica, sí, pero también profundamente dolorosa. Y quizá precisamente por eso deba ser recordada no desde el morbo ni desde la condena, sino desde la reflexión.

 Que este día nos ayude a despertar conciencia, a fortalecer la educación en valores y a renovar nuestro compromiso con una sociedad más justa, más responsable y humana.

“Que este acontecimiento histórico motive a las instituciones educativas de Costa Rica a renovar su compromiso con la formación de ciudadanos íntegros, críticos, responsables y profundamente humanos. Educar no es solo transmitir conocimientos, sino también formar conciencia, fortalecer valores y preparar a las nuevas generaciones para servir al país con honor, prudencia y rectitud”.

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