Carta abierta a Ariel Robles, Claudia Dobles, Alvaro Ramos y Juan Carlos Hidalgo

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Los cuatro son candidatos a la presidencia de Costa Rica 2026-2030

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Viviana Molina Vega, productora Artística).- Soy una mujer grande que sufre depresión mayor. La primera vez que fui al psicólogo, hace veinticinco años, me preguntó:

—¿Por qué está aquí?

Y yo le contesté:

—Porque estoy harta de que la gente se pase la raya blanca del semáforo.

No lo entiendo. Si se puede parar antes de la raya, ¿por qué no hacerlo? ¿Por qué no podemos respetar lo que sabemos que beneficia a todos? ¿Por qué necesitamos que alguien fuera de nosotros, una autoridad —un dios, un papá, un policía, un cura, un oficial de tránsito, un director, un pastor, un profesor, un jefe— nos diga qué hacer?

No entiendo por qué hemos llegado a pasar por encima de los demás para conseguir lo que queremos. No entiendo por qué el otro ya no nos importa.

Yo digo que padezco de “depresión social”. Siempre le explico a la gente que lo que me provoca la depresión es ver lo podrido que está el planeta.

Soy costarricense. Nací en un país militar y viví mi infancia con miedo a la guerra. Hija de mamá tica y papá extranjero, llegué aquí a los doce años. Disfruté de la educación pública en secundaria y en la universidad y, aunque no me gradué, logré encontrar un espacio en el área de la cultura y el arte. Ahí he podido desenvolverme, crecer, disfrutar del trabajo que hago y sentirme satisfecha de aportar a una mejor vida para todos.

He tenido la oportunidad de trabajar viajando a lo largo y ancho del país. He conocido muchas comunidades, urbanas y rurales, y he encontrado incluso en los lugares más remotos un teléfono y una escuela: logros conseguidos gracias a la solidaridad de todas las personas.

Vivo de manera austera. No ando detrás del dinero y trato de ayudar a quien lo necesita, aunque a veces pienso que eso me pone en desventaja.

Siempre me he preguntado si cuando los políticos toman decisiones que dañan a la mayoría —y especialmente a quienes más lo necesitan— lo hacen por ignorancia, sin darse cuenta, o si llegan a sus casas a reírse y burlarse de las personas a las que afectan.

Verlos participar a ustedes en el anti debate me devolvió un poquito de esperanza.

Y me pregunto: ¿habrá posibilidad de seguir conversando así entre ustedes? Con respeto, sin alteraciones, sin gritos ni ofensas, tratando de conciliar, de construir.

¿Todavía quedará voluntad para hablar con la verdad, sin apuñalar por la espalda?

¿Podrán poner sus diferencias —y sobre todo las de sus partidos— a un lado?

No puede ser posible que vivamos otros cuatro años de deterioro en la vida de tantas personas.

¿Podrían ustedes, abiertamente, declararse unidos ante el desastre al que nos ha llevado el presidente actual? Pero, sobre todo, ante el que nos podría llevar otros cuatro años de continuidad.

¿Podrían dejar de competir por ganar ustedes o sus partidos y compartir proyectos pensando en el beneficio de todos habitantes de este país?

¿Podrían ustedes cuatro, juntos, conformar un equipo de trabajo respetable, honrado, conciliador, comprometido y transparente?

¿Podrían ayudarnos a recuperar el respeto, la paz, la tranquilidad, la confianza, la educación de calidad, el trabajo estable, la vivienda digna y la seguridad, cuidando especialmente a las personas más vulnerables?

¿No es jugarse demasiado que el voto se diluya entre diecinueve partidos y que esa señora gane por un solo voto, sin que haya segunda ronda?

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