Cuando el silencio también es una propuesta

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- En campaña electoral abundan las palabras. Sobran los compromisos, las promesas y los eslóganes. Sin embargo, en política, lo que no se dice puede ser tan revelador como lo que se proclama. Y hoy, de cara al periodo electoral 2026–2030, hay un silencio que debería preocuparnos como ciudadanía: la ausencia de la libertad de expresión y de prensa en diez planes de gobierno.

Un análisis de la Comisión de Elecciones Nacionales del Colegio de Periodistas y Profesionales en Ciencias de la Comunicación Colectiva (COLPER) muestra que diez partidos políticos que aspiran a dirigir el país simplemente no consideran necesario explicar cómo entienden, protegerán o fortalecerán estos derechos fundamentales. No es un detalle menor ni una omisión técnica: es una señal política.

La libertad de expresión y la libertad de prensa no son concesiones del poder, sino pilares de la democracia. Son las garantías que permiten la crítica, el disenso, la fiscalización y el acceso a información veraz. Cuando un partido no las menciona en su proyecto de país, deja abierta una pregunta inquietante: ¿qué lugar ocupan estos derechos en su visión del ejercicio del poder?

Es cierto que la ausencia de propuestas no equivale automáticamente a una postura contraria. Pero también es cierto que los planes de gobierno existen para dejar claras las prioridades, y aquello que no se prioriza, se relega. En un contexto regional e internacional donde periodistas enfrentan presiones, discursos de estigmatización, amenazas legales y campañas de desinformación, el silencio resulta, como mínimo, preocupante.

Llama la atención que muchos partidos sí hablen de transparencia y acceso a la información pública, pero sin conectar estos conceptos con el rol de la prensa ni con la protección del ejercicio periodístico. ¿Puede existir verdadera transparencia sin una prensa libre que investigue, pregunte y cuestione? ¿Puede el acceso a la información sostenerse sin garantías claras para quienes la convierten en conocimiento público?

La democracia no se debilita solo con leyes autoritarias o censura explícita. También se erosiona cuando los derechos fundamentales se vuelven invisibles en el debate político, cuando dejan de ser nombrados, defendidos y explicados ante la ciudadanía.

Por eso, más allá de simpatías partidarias o afinidades ideológicas, este hallazgo debería invitarnos a reflexionar y a exigir respuestas. La libertad de expresión y de prensa no pertenece a los periodistas: pertenece a la ciudadanía. Su ausencia en los planes de gobierno no es un asunto sectorial, es un vacío democrático.

En tiempos electorales, conviene recordar que gobernar también implica aceptar la crítica, convivir con el disenso y rendir cuentas. Y todo eso empieza por algo tan básico —y tan poderoso— como decir, sin ambigüedades, que la libertad de expresión y de prensa no se negocia.

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