¡Buena nota, papi!

Hoy les traigo una historia que huele a café chorreado y a Navidad adelantada
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak).- La protagonista es Doña Nena de Rancho Redondo. La abuela más dulce que ha visto este cantón, la que cuando sonríe uno siente que la cobija del mundo se arregla un poquito.
Doña Nena guarda un tesoro que no está en bóveda ni en banco: su receta de tamales.
No son tamales, son poemas envueltos en hoja. Son abrazos con sabor. Y como ya viene diciembre, Doña Nena pensó: “Si yo no saco mis tamales a la feria… ¿con qué fuerza va a trabajar Colacho? Ese hombre necesita energía.”
Así que cuando le avisaron que por fin le habían dado una mesita en la Feria del Agricultor de Goico, ella casi se persigna de la emoción.
Se puso a trabajar con amor y abundancia: La carne suave, el arroz sueltecito, la masa que se acomoda como quien encuentra su cama después de un día largo, y las hojas brillantes, como si cada una llevara una bendición escondida.
Tamales que sabían a hogar.
Listo todo, Doña Nena pidió un carro, bajó desde Rancho Redondo hasta Guadalupe centro, cargando no solo tamales, sino ilusión. Llega a su mesita y el muchacho encargado, muy amable, por cierto, le dice:
— Doñita, antes de empezar, hay que pagar el espacio.
Doña Nena, mujer ordenada y correcta, abre su bolsita bordada con flores y saca su billete del tucán —ese de cinco mil— como quien saca algo que vale.
Y el muchacho se ríe. Pero se ríe con ganas:
— Ay Doña Nena, ese billete ya casi ni debería existir. Aquí no estamos en tiempos de la Primera República.
La señora sintió el golpe. Porque con ese billete y el vueltillo listo para los clientes… no alcanzaba. Ahí empezó la maratón familiar:
Llamó a la hija. La hija llamó al primo. El primo al cuñado. El cuñado a San Isidro Labrador. Y San Isidro dijo: háganle fuerza.
Al fin juntaron lo que se ocupaba.
Doña Nena vendió tamales. La gente los probó, sonrió, y dijo: “Esto sabe a diciembre en la casa de mi mamá.”
Pero cuando Doña Nena sacó cuentas al final del día… El costo del espacio, la comida, el transporte, el fresco, el almuerzo, la vida misma… Se comieron toda la ganancia.
No quedó utilidad.
Pero quedó algo más grande: Doña Nena vio ojos brillar, vio memorias despertar, vio que su receta no alimenta el bolsillo…alimenta el alma.
Goico Power se despide diciendo:
Hay cosas que en este cantón no deberían costar.
La feria es para unirnos.
No para endeudarnos.
Y mientras una abuela tenga que pagar para compartir amor…
Lo que está fallando no es la economía, sino la comunidad.