Goicoechea a mitad de camino: entre el avance visible y las deudas persistentes

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- A dos años de iniciado el Plan de Desarrollo Municipal 2024-2028, Goicoechea no está en el punto de partida, pero tampoco en la meta. El balance a medio camino revela una realidad conocida en la gestión pública local: los avances más visibles suelen concentrarse en el concreto, mientras los desafíos más complejos siguen esperando respuestas más profundas.
No se puede negar que hay logros. La mejora en la red vial, especialmente en distritos como Guadalupe, Ipís y Purral, responde a una demanda histórica de los vecinos. El recarpeteo, el bacheo y la articulación con el MOPT evidencian una gestión que, al menos en este frente, ha sabido ejecutar recursos y generar resultados tangibles. Lo mismo ocurre con la recuperación de espacios públicos: parques renovados, mejor iluminación y zonas recreativas que no solo embellecen el cantón, sino que también contribuyen —aunque parcialmente— a la convivencia comunitaria.
A esto se suma un paso importante hacia la digitalización de trámites. Reducir filas y facilitar gestiones no es un detalle menor; es una señal de modernización institucional que acerca el gobierno local a la ciudadanía y mejora la transparencia.
Sin embargo, sería un error confundir estos avances con un cumplimiento integral del plan. Hay áreas críticas donde el progreso es, en el mejor de los casos, insuficiente.
La seguridad ciudadana continúa siendo la principal preocupación de los habitantes. La percepción de inseguridad no ha cedido al ritmo esperado, y las acciones implementadas —como el fortalecimiento de la Policía Municipal o los proyectos de videovigilancia— aún no logran traducirse en cambios sustanciales en la vida cotidiana. Aquí no basta con promesas ni con avances parciales: la seguridad exige resultados concretos y sostenibles.
En paralelo, la gestión de residuos sigue siendo una asignatura pendiente. La falta de una cultura sólida de separación en origen y la cobertura incompleta de los programas de reciclaje reflejan una deuda tanto institucional como comunitaria. Sin educación ambiental continua y políticas más agresivas, el cantón difícilmente avanzará hacia un modelo sostenible.
El desarrollo económico local, por su parte, parece haberse estancado. La aspiración de convertir a Goicoechea en un “hub” de servicios choca con una realidad marcada por la tramitología y los costos que enfrentan emprendedores y comerciantes. Sin una estrategia clara para dinamizar la economía, el crecimiento seguirá siendo más una intención que una realidad.
El Concejo Municipal probablemente se ha encontrado con limitaciones presupuestarias y trabas burocráticas como obstáculos. Son factores reales, pero no pueden convertirse en excusas permanentes. La ciudadanía no evalúa intenciones, sino resultados. Y a mitad del camino, la exigencia es clara: mejorar la eficiencia en la gestión y priorizar aquello que impacta directamente en la calidad de vida.
Goicoechea está, efectivamente, en un punto de inflexión. Los próximos dos años definirán si este plan fue una hoja de ruta efectiva o un documento bien intencionado que no logró materializar sus promesas.
Desde La Voz de Goicoechea, la tarea es clara: seguir observando, cuestionando y acompañando este proceso con mirada crítica. Porque el desarrollo de un cantón no se mide únicamente en obras visibles, sino en la seguridad, las oportunidades y el bienestar real de su gente.
La pregunta queda abierta: ¿siente usted ese progreso en su distrito?
