Mucha fe, poca propuesta

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak).- Hay partidos que se construyen desde la fuerza de una convicción y otros que se construyen desde la fuerza de un enojo. Nueva República nació como grito, como reacción, como “no queremos más de lo mismo”. Y ese grito tenía sentido: había gente cansada, con fe rota, buscando un referente. Pero un grito no se sostiene solo. Un grito se convierte en eco si no se transforma en propuesta.

Y eso es lo que se siente hoy en la bancada de Nueva República.

Hay presencia. Hay volumen. Hay discurso. Hay Biblia sobre la mesa y patria en la garganta. Pero cuando se revisa el trabajo legislativo, el eco suena más fuerte que la acción. Se habla duro, sí. Se señala fuerte, sí. Se denuncia al otro, sí. Pero el país no necesita más diagnósticos gritados. El país los conoce de memoria.

Lo que falta es saber cómo se va a arreglar lo que tanto se describe.

La primera debilidad es la inconsistencia. Un día la bancada se presenta como oposición firme. Al otro, negocia silencio estratégico. Un día vota por principios. Otro día vota por cálculo. Y esa inconsistencia se nota. No solo en el plenario. En la calle también. La gente reconoce cuando algo se hace por convicción y cuando se hace por cámara.

Luego está la confrontación como estrategia de identidad. No hay problema en denunciar lo que está mal — eso es parte del trabajo legislativo — pero cuando denunciar se vuelve el centro del trabajo, el partido deja de construir y se convierte en comentarista político. Un bloque entero no puede dedicarse a ser reacción. Si un bloque quiere ser opción, tiene que proponer, escribir, impulsar, mover. Y ahí es donde Nueva República se queda corta.

A esto se suma algo silencioso, pero letal: el divorcio con las comunidades. La gente que votó por ellos lo hizo esperando defensa, acompañamiento, representación directa. Esperaba que el dolor que contaron en campaña regresara convertido en políticas. Pero hoy, muchas de esas comunidades solo ven publicaciones, indignación y discursos. Nada que les cambie la vida.

Y finalmente, hay un tema que pesa, aunque nadie quiera decirlo en voz alta: la fracción se sostiene sobre una figura, no sobre un proyecto colectivo, y esta figura ya ha sido cuestionada en honestidad y transparencia, personal y políticamente.

Y cuando todo un bloque gira alrededor de un nombre, la política deja de ser construcción y se convierte en culto. De ahí no sale país. Solo regresos, resentimientos y eternos “cuando lleguemos al poder”.

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