¿Agricultores o estrategas políticos? La verdadera trama de la marcha de ayer

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LA VOZ DE GOICOECHEA Por Consejo Editorial).- La escena de tractores avanzando por las calles, banderas al viento y voces que clamaban por el campo costarricense podría haber sido el símbolo perfecto de la lucha rural. Sin embargo, tras la apariencia de una manifestación agrícola, emergió un guion distinto: uno escrito con tinta política y calculado ritmo electoral.

La marcha de ayer, convocada bajo la causa legítima de los agricultores, se transformó pronto en un acto de campaña con todos sus ingredientes. Entre los tractores y sombreros de ala ancha, se filtraron las camisetas partidarias, los discursos ensayados y los rostros conocidos de la oposición. Lo que debía ser una protesta por el precio de los insumos o la falta de apoyo al agro terminó siendo un desfile proselitista cuidadosamente disfrazado.

La composición del público lo decía todo: aspirantes a diputaciones, figuras sindicales de línea opositora, líderes estudiantiles y políticos de viejo cuño buscando cámara. Los agricultores, los verdaderos dolientes, fueron reducidos a telón de fondo en un montaje donde el objetivo no era visibilizar sus reclamos, sino medir fuerzas ante un Gobierno que, guste o no, mantiene un respaldo popular considerable.

El intento fue evidente y logró lo que se buscaba: titulares, cobertura mediática y ruido en redes sociales. Pero más allá del eco inmediato, la pregunta que importa es otra: ¿a quién le sirvió realmente la marcha? ¿Qué candidato o coalición opositora logró capitalizar ese esfuerzo?

La historia reciente enseña que los ataques frontales al presidente Rodrigo Chaves suelen tener un efecto búmeran. En lugar de erosionar su base, terminan cohesionándola. Y con una candidata oficialista —Laura Fernández— que lidera cómodamente las encuestas, la maniobra de la oposición parece más un movimiento desesperado que una jugada maestra.

En este contexto, la marcha fue una muestra del desconcierto opositor. Incapaces de unificar propuestas o entusiasmar a los votantes, optan por la protesta callejera como escenario de legitimidad. Pero en política, el ruido no siempre equivale a fuerza. El intento de mostrar músculo colectivo solo evidenció la flaqueza individual de partidos en decadencia, con estructuras rotas y dirigencias en disputa.

Lo más triste es que en medio de la parafernalia política quedaron invisibilizados los reclamos del agro. Las pancartas de los productores se perdieron entre las consignas partidarias, y sus demandas legítimas fueron sacrificadas en el altar de la estrategia electoral.

La contienda apenas comienza, y la oposición ya mostró sus cartas. Por ahora, el tablero sigue bajo control del oficialismo. Si Fernández mantiene su discurso de continuidad del “Rodríguismo” y evita caer en las trampas del enfrentamiento, el país podría estar frente a la consolidación de un nuevo ciclo político.

La marcha de ayer, más que un clamor del campo, fue un ensayo de campaña. Y como todo ensayo, deja claro quién improvisa y quién dirige la orquesta.

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