La Costa Rica que heredamos: confianza internacional y derechos humanos

Tercera entrega: “Del aplauso al aislamiento, la Costa Rica que incomoda”
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista). Costa Rica fue durante décadas un país admirado. El referente democrático de América Latina, la voz moral en foros internacionales, el pequeño gigante del diálogo, la paz y los derechos humanos.
Pero hoy, bajo el gobierno de Rodrigo Chaves, esa voz que antes inspiraba comienza a sonar distinta: más confrontativa, más solitaria, más impredecible.
La nación que defendía la diplomacia y el respeto ahora parece debatirse entre la afirmación de su soberanía y el aislamiento silencioso del resto del mundo.
El discurso del poder y la pérdida de confianza
Desde el inicio de su mandato, Rodrigo Chaves se presentó como un líder “diferente”, dispuesto a romper con las formas tradicionales del poder.
Esa narrativa de independencia —que internamente conecta con el descontento ciudadano— ha generado preocupación entre organismos internacionales por el tono con que Costa Rica se relaciona hoy con el mundo.
En menos de tres años, las tensiones con la prensa, con la cooperación internacional y con organismos de derechos humanos han empezado a marcar una ruptura simbólica.
La diplomacia costarricense, antes reconocida por su equilibrio y su autoridad moral, parece haberse vuelto reactiva, improvisada y dependiente de decisiones políticas inmediatas.
Costa Rica pasó de ser mediadora a ser cuestionada.
La paradoja del liderazgo: soberanía sin escucha
El discurso del gobierno exalta la soberanía nacional y el rechazo a las “intervenciones externas”.
Pero en la práctica, esa postura ha debilitado la confianza internacional que por décadas se construyó con diálogo y coherencia.
Las críticas hacia organismos como la ONU o la Corte Interamericana de Derechos Humanos —instituciones que Costa Rica ayudó a fundar— reflejan un cambio profundo de paradigma: ya no se busca liderar desde la empatía, sino desde la distancia.
Mientras tanto, en derechos humanos se percibe una agenda más técnica que política, con menos diálogo y más confrontación.
El país que antes recibía premios y aplausos hoy recibe advertencias y llamados de atención.
El aislamiento disfrazado de fortaleza
En el ámbito internacional, los gestos cuentan tanto como los discursos.
Costa Rica, que siempre fue un símbolo de estabilidad, ha perdido parte de su protagonismo diplomático.
Los grandes foros globales ahora la mencionan menos; las embajadas, la cooperación y los organismos multilaterales se relacionan con cautela.
El liderazgo moral que antes atraía inversión, confianza y cooperación, hoy enfrenta una erosión que no se mide en titulares, sino en silencios.
El país no ha dejado de ser respetado, pero ha dejado de ser referente.
La voz que antes mediaba conflictos hoy parece centrarse en defenderse, y en ese proceso, el país corre el riesgo de confundir firmeza con aislamiento.
La Costa Rica de Rodrigo Chaves no es la de los aplausos internacionales, sino la de la redefinición de su lugar en el mundo.
La retórica del orden interno ha cobrado un costo externo: la pérdida de confianza, el distanciamiento diplomático y el enfriamiento de relaciones históricas.
El país que una vez fue puente entre naciones, hoy se mira al espejo y duda si sigue siendo ese ejemplo que todos admiraban.
Porque el prestigio, una vez erosionado, no se recupera con discursos, sino con coherencia.