Mucha voz, poca ley

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak).- Hay fracciones que llegan a la Asamblea a legislar, y hay otras que entran pensando que la Asamblea es un escenario. El oficialismo llegó con fuerza, con una narrativa de cambio, con la promesa de poner la mesa patas arriba y volver a servirla para la gente. Pero en la práctica, la mesa sigue igual… solo que ahora se habla más duro alrededor de ella.

Lo primero que salta a la vista es lo evidente: la bancada oficialista tiene muy poca iniciativa legislativa propia. No es que estén quietos —es que no están construyendo. Se siente más la energía de vigilar y denunciar que la de proponer y transformar. Mucho control político en el micrófono, poca propuesta escrita en los expedientes. Mucha indignación televisada, poca ley aterrizada.

A eso se suma otra cosa delicada: el protagonismo concentrado. La fuerza del bloque parece venir de una sola voz, una sola figura, un solo volumen. La Asamblea, que se supone debería ser un coro, termina sonando como monólogo. Y cuando una fracción entera adopta el tono de un solo liderazgo, deja de ser bloque y se vuelve público detrás de un presentador. No es casualidad que algunos debates se sientan menos como discusión legislativa y más como un show televisivo en horario estelar: cortante, encendido, dramático… pero sin profundidad técnica.

Y hablando de técnica: se nota la falta de preparación política en varios momentos claves. Comentarios impulsivos, comparaciones fuera de lugar, frases que parecen más sacadas de una cadena de WhatsApp que de una lectura seria de estado. No es un pecado no saber; el pecado es creer que uno no tiene nada que aprender. La soberbia impide estudiar. Y un diputado que no estudia es un diputado que no construye.

Finalmente, hay algo que pesa más que todas las anteriores: la bancada oficialista no ha logrado definir rumbo. No es claro hacia dónde quiere llevar la agenda nacional. No queda claro cuál es su proyecto país. No queda claro qué significa “cambio” cuando se repite tantas veces, pero no se concreta. Y cuando el gobierno no marca dirección, la Asamblea se vuelve un cuarto lleno de gente hablando al mismo tiempo sin avanzar un paso.

El país no necesita espectáculo, no necesita héroes de micrófono, no necesita una Asamblea convertida en ring.

El país necesita legisladores que sepan leer un proyecto, escribir uno mejor, defenderlo con técnica, negociar sin humillarse y sostener lo que dicen con lo que hacen.

Porque gobernar no es gritar, gobernar no es señalar, aun que esto sea muy popular.

Gobernar es resolverle la vida a la gente que no aparece en los noticieros. Y esa gente está esperando.

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