Costa Rica La infraestructura vial que heredamos

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Tercera entrega: Rodrigo Chaves – entre la retórica del cambio y el país a medio construir

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- En mayo de 2022, Rodrigo Chaves Robles asumió la presidencia con una promesa clara: “romper la parálisis del Estado”.

Su mensaje directo y combativo conectó con un pueblo harto de ver obras sin terminar, licitaciones eternas y carreteras que se derrumban al primer aguacero.

Dos años después, el país muestra avances puntuales, pero también un escenario complejo: la infraestructura vial sigue siendo el espejo más claro de la Costa Rica que funciona a medias.

Un discurso de acción frente a un sistema oxidado

Desde su primer año, el presidente Chaves anunció una “intervención inmediata” en la red vial nacional, con énfasis en mantenimiento, puentes y rutas cantonales.

La consigna fue “hacer más con menos”.

Sin embargo, el contexto institucional no cambió: el MOPT y el CONAVI continúan fragmentados, con estructuras lentas y procesos de contratación excesivamente complejos.

El gobierno ha intentado imponer una lógica empresarial en la gestión pública:

menos trámites, más ejecución.

Pero la burocracia y la rigidez legal siguen frenando proyectos clave, especialmente aquellos financiados con organismos internacionales.

A pesar de la retórica de eficiencia, los plazos siguen dilatándose.

El país avanza, pero a paso de caracol sobre un camino con huecos.

Obras emblemáticas y desafíos visibles

Durante su mandato, Chaves ha impulsado y concluido algunos proyectos importantes, entre ellos:

La conclusión del tramo final de Circunvalación Norte, con los pasos a desnivel más grandes del país.

Ampliaciones en la Ruta 1 (General Cañas y Bernardo Soto) y Ruta 32 (Limón–Guápiles).

Plan Nacional de Puentes, con la sustitución de estructuras metálicas antiguas.

Avances en la Carretera a San Carlos, aunque todavía inconclusa después de casi dos décadas.

A pesar de estos logros, el panorama general sigue mostrando rezago: más del 60% de la red vial cantonal está en mal estado, los proyectos de ampliación a Cartago y San Ramón siguen sin definirse, y la planificación a largo plazo continúa sin una política de Estado sólida.

El país vive lo que muchos ingenieros llaman “modernización superficial”: se inauguran obras, pero no se transforma el modelo que las produce.

El caso Cochinilla y la sombra del descrédito

Aunque el caso “Cochinilla” no nació en este gobierno, sus consecuencias marcaron el inicio del mandato de Chaves.

La desconfianza pública hacia el sistema de contrataciones obligó al gobierno a revisar múltiples licitaciones y a prometer controles más estrictos.

No obstante, el reemplazo de contratos y la reasignación de obras provocaron retrasos adicionales, y los cambios administrativos no han eliminado la percepción de opacidad y favoritismo en la asignación de proyectos.

Los avances son visibles en la superficie, pero no logran revertir el deterioro histórico.

El país mejora en cifras, pero no en confianza.

Rodrigo Chaves heredó un sistema fracturado y una ciudadanía impaciente.

Su gobierno ha mostrado determinación y voluntad, pero también el límite de la voluntad cuando no se reforma el modelo.

La infraestructura costarricense sigue siendo el retrato de un país que construye con discursos y administra con remiendos.

Costa Rica no necesita más carreteras nuevas: necesita una forma nueva de construirlas.

Porque mientras las obras duren más que los gobiernos, el progreso seguirá siendo un anuncio más que una realidad.

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