La Sala Constitucional no se respeta solo cuando conviene

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Vladimir León Castillo).- En Costa Rica se ha vuelto demasiado común elogiar a la Sala Constitucional cuando una resolución coincide con nuestros intereses y atacarla cuando el fallo no nos favorece. Esa actitud no solo es incoherente, sino también peligrosa para la democracia.
Las resoluciones judiciales pueden analizarse, cuestionarse y debatirse. Nadie está obligado a estar de acuerdo con cada interpretación jurídica realizada por los magistrados. Sin embargo, existe una gran diferencia entre ejercer una crítica razonada y desacreditar a una institución únicamente porque su decisión resultó incómoda para determinado partido, autoridad o grupo político.
El respeto hacia la Sala Constitucional no puede depender de quién gana o pierde un recurso. Sus magistrados han debido resolver asuntos promovidos por personas, organizaciones y partidos de distintas posiciones ideológicas. En unas ocasiones, sus decisiones favorecen a un sector; en otras, benefician a quienes se encuentran en la acera política contraria. Precisamente ahí radica la importancia de una justicia que debe actuar con independencia y sin someterse a intereses partidarios.
Cuando una resolución nos conviene, celebramos la independencia judicial, el Estado de derecho y la defensa de la Constitución. Pero cuando no nos favorece, algunas personas hablan de persecución, parcialidad o intromisión. No se puede defender la institucionalidad solamente cuando produce el resultado que deseamos.
La Sala Constitucional representa, para muchas personas, el último recurso disponible frente a actuaciones u omisiones que podrían vulnerar sus derechos fundamentales. Es la instancia a la que puede acudir una persona cuando considera que una institución pública, una autoridad o una decisión administrativa ha desconocido las garantías reconocidas por nuestra Constitución.
Debilitar su legitimidad mediante ataques políticos irresponsables significa debilitar también una de las principales herramientas de defensa que posee la ciudadanía. Hoy una resolución puede incomodar a un gobernante o a un partido; mañana esa misma institucionalidad podría proteger los derechos de cualquier habitante frente a un abuso de poder.
Defender la democracia exige madurez. Significa respetar las reglas incluso cuando el resultado no nos agrada, acatar las resoluciones judiciales y utilizar los mecanismos legales disponibles para cuestionarlas cuando corresponda. Lo que no es aceptable es celebrar a la Sala Constitucional cuando falla a nuestro favor y desprestigiarla cuando pone límites a nuestras actuaciones.
Desde “Goico al Desnudo” y el partido “Goico Decide”, creemos que las instituciones no deben medirse según la conveniencia política del momento. La Sala Constitucional merece respeto siempre, no solo cuando sus resoluciones coinciden con nuestros intereses. Porque cuando se ataca al último refugio constitucional de la ciudadanía, quien termina perdiendo no es un partido ni una autoridad: pierde todo el pueblo de Costa Rica.