La ciudadanía como terapia del poder
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- El poder, cuando no encuentra límites, tiende a deformarse. Puede volverse autorreferencial, complaciente y, en el peor de los casos, adicto a sí mismo. Y como ocurre con cualquier adicción, no se corrige con halagos ni con silencios cómodos, sino con un proceso constante de confrontación y control.
En política, ese proceso tiene un nombre claro: ciudadanía activa
Desde la psicología se sabe que ninguna conducta dañina se supera sin conciencia, sin límites y sin un entorno que deje de normalizarla. En la vida pública ocurre exactamente lo mismo. El poder que no es observado, cuestionado ni fiscalizado termina justificando lo injustificable. Se acostumbra a no rendir cuentas. Y cuando eso sucede, la democracia empieza a enfermar.

