LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Jose Cruz, columnista).- En lo más profundo de la selva, donde el aire huele a tierra húmeda y fruto maduro, vive una comunidad de campesinos que, generación tras generación, han cuidado el bosque como quien cuida a un hijo.
Ellos siembran, podan, limpian, conversan con los pájaros y agradecen a la lluvia. La selva les responde con frutos dulces y sombra fresca para descansar.
Pero no todos en ese bosque aman la luz.
En la parte más honda y enmarañada, donde el río deja de cantar y el viento evita pasar, habita una banda de tres murciélagos. No son murciélagos cualesquiera. Son viejos, astutos y nocturnos en su espíritu y en su moral. Se les conoce como los Guardianes del Sacrificio, aunque en realidad no guardan nada —solo toman.
