Servidores públicos, no dueños del erario: Un llamado de atención a la municipalidad de Goicoechea


LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- En el complejo engranaje de la administración local, existe una verdad fundamentalque parece olvidarse con demasiada frecuencia en los pasillos de nuestra Municipalidad: el funcionario público es, ante todo, un servidor. Su mandato emana del ciudadano, y su salario es pagado por el contribuyente.
Sin embargo, las quejas que resuenan en el cantón de Goicoechea pintan un cuadro preocupante. Recibimos reportes constantes de vecinos que, al acercarse a las oficinas municipales para presentar un reclamo legítimo, gestionar un trámite necesario o simplemente solicitar información, se topan con un muro de indiferencia, cuando no con abierta arrogancia o desprecio.
La burocracia lenta es un mal conocido, pero la burocracia altanera es una afrenta directa.
Debemos recordarle a cada funcionario, desde el de más alto rango hasta el personal de ventanilla, que su posición no es un privilegio feudal, sino una responsabilidad delegada. El contribuyente que presenta una queja sobre un bache, un problema de recolección de basura o un permiso estancado, no es una molestia; es el legítimo dueño de los recursos públicos que ese funcionario administra.
Tratar al ciudadano con desdén no es solo una falta de cortesía; es una falla ética grave. Es olvidar quién es el verdadero empleador.
La ley obliga a la administración a dar respuesta, pero la decencia y el deber democrático exigen que esa respuesta sea expedita, respetuosa y diligente. No se le está haciendo un “favor” al contribuyente al atenderlo; se está cumpliendo con la obligación más básica para la cual fue contratado ese servidor.
Exigimos un cambio de cultura inmediato dentro del gobierno local de Goicoechea. La eficiencia no solo se mide en la velocidad de los trámites, sino en la calidad humana del servicio.
La arrogancia no tiene cabida cuando se administran fondos que no son propios. Los ciudadanos de Goicoechea merecen ser escuchados con atención y respeto, no con desprecio. Porque al final del día, la municipalidad no es de los funcionarios; es de la gente. Y es hora de que actúen en consecuencia.
Aclaramos que no son todos los funcionarios, hay muchos y gracia s a Dios son los más, que si toman con seriedad su labor y cumplen con respeto y aprecio su responsabilidad laboral y misión de servicio.