Goico al desnudo: el Facebook que pone al descubierto las trampas municipales en Goicoechea

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).- Detrás del anonimato, un nuevo medio digital destapa denuncias de corrupción, nepotismo y préstamos ilegales puertas adentro de la Municipalidad de Goicoechea

En una era donde el periodismo tradicional a menudo coquetea con la complicidad o el silencio, ha surgido desde el anonimato una voz incómoda para el poder local. Se trata de “Goico al Desnudo”, una página de Facebook que, con apenas una semana de vida, ha logrado remecer los cimientos políticos y administrativos del cantón.

Con un eslogan que no deja lugar a dudas —”Nos encargamos en informar a los Goicoecheanos de eventos que pasan en el cantón”—, este medio alternativo ha decidido hacer lo que muchos callan por conveniencia o por miedo: exponer los presuntos actos de corrupción, el tráfico de influencias y los “oscuros secretos” que se cocinan en las oficinas municipales.

Un boquete a la pared del silencio

El contenido difundido hasta ahora no es menor. Las denuncias, que aún no han sido verificadas de manera independiente por este medio debido a la naturaleza anónima de la fuente, dibujan un panorama institucional alarmante:

Persecución laboral y “peajes” internos: Se señala que existiría un sistemático hostigamiento contra ciertos funcionarios, además del presunto cobro de “peajes” o cuotas para acceder o mantenerse en puestos de trabajo.

Uso indebido de bienes públicos: La publicación acusa que la oficina destinada a las ferias del agricultor estaría siendo utilizada como una auténtica cantina para encuentros no laborales.

Funcionario multifacético y usurero: Una de las revelaciones más graves involucra a un guarda de seguridad municipal, quien, al parecer, compatibilizaría sus horas de trabajo con un negocio de préstamos informales conocido como “gota a gota”, práctica que suele estar asociada a usura y métodos de cobro intimidatorios.

Nepotismo desmedido: Se denuncia la existencia de un clan familiar operando dentro de la institución: dos hermanos y la compañera sentimental de uno de ellos estarían nombrados en puestos municipales, en un claro caso de nepotismo que violaría los principios de ética pública.

Deuda millonaria silenciada: Quizás el punto más explosivo es la supuesta deuda de 900 millones de colones que un familiar del alcalde mantendría con la propia municipalidad. Un monto que, de ser cierto, reflejaría no solo una falta de gestión de cobro, sino un evidente conflicto de intereses.

El fantasma del anonimato y la duda razonable

“Goico al Desnudo” opera en las sombras. Se desconoce la identidad de su administrador o administradores. Fuentes consultadas por esta redacción, aunque sin poder confirmarlo, señalan que al menos uno de los redactores sería un funcionario activo de la misma municipalidad. De ser así, estaríamos ante un “alguacilillo” interno que, desde el anonimato, ha decidido romper el código de silencio imperante.

Esta falta de firma, si bien es una estrategia para proteger la fuente (y en este caso, probablemente el empleo), también resta el valor del contraste que ofrece el periodismo tradicional: la cara visible que responde por la información y la posibilidad de brindar el derecho de réplica a los acusados.

Entre el morbo y el derecho a saber

El fenómeno no solo es político, sino también social. En cuestión de días, la página ha acumulado una legión de seguidores. El público, hastiado de las promesas incumplidas y las gestiones opacas, devora cada publicación con avidez. Pero aquí surge la delgada línea: ¿Se está haciendo periodismo de fiscalización o simplemente se está alimentando el morbo y el entretenimiento a costa de la política?

El periodismo tiene como función principal ser un contrapoder y facilitar la rendición de cuentas. En ese sentido, “Goico al Desnudo” cumple con el cometido de poner los reflectores donde nadie quiere que brillen. Sin embargo, el gran reto de este tipo de iniciativas será trascender la denuncia anónima y aportar pruebas sólidas que obliguen a la Fiscalía, la Contraloría o el Tribunal Contencioso Administrativo a actuar.

Mientras tanto, en los pasillos de la Municipalidad de Goicoechea, la psicosis debe reinar. Nadie sabe quién es el delator, pero todos se saben observados. Y en una democracia, que los funcionarios sientan que alguien los vigila no es una amenaza: es el más saludable de los antídotos.

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