LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Marco Betancourt Quesada, Columnista).- Lo ocurrido el pasado primero de febrero refleja una de esas imperfecciones de la democracia: cuando la polarización de un país lleva nuevamente a un resultado de un voto de censura de una parte de la sociedad contra los partidos y políticos tradicionales. Aunque el abstencionismo se redujo al 31%, la participación ciudadana efectiva apenas alcanzó el 69%. Esto se traduce en que la presidente electa obtuvo el respaldo de aproximadamente un 31,9% del padrón electoral total.
El resultado de las elecciones de 2026, marca un punto de inflexión en la política costarricense. Tras cuatro años de la gestión encabezada por Rodrigo Chaves, esta se ha caracterizado por la constante justificación de sus deficiencias en la administración pública culpando a gobiernos anteriores, la ciudadanía ha optado por dar continuidad al proyecto político del Partido Pueblo Soberano (PPSO). Sin embargo, el reto ahora es distinto: ya no basta con señalar responsabilidades históricas, sino demostrar capacidad de gobernar y ofrecer resultados tangibles.
Los problemas estructurales del país en inseguridad y el narcotráfico se dispararon, con un doble aumento en los homicidios en comparación con periodos presidenciales previos. Las filas de espera en la Caja se convirtieron en símbolo de ineficiencia e ineficacia institucional; mientras que, el índice desempleo efectivo, maquillado por la informalidad y la falta de dinamismo económico, dejaron a amplios sectores en la incertidumbre.
En ese contexto, la victoria de la Sra. Fernández no puede interpretarse únicamente como un voto de confianza, sino también como un mandato de exigencia. La presidente electa cuenta ahora con una mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa, 31 diputados. Esto le otorga una ventaja significativa para aprobar leyes ordinarias y avanzar en su agenda política sin los supuestos bloqueos que enfrentó su antecesor. Este respaldo parlamentario elimina la excusa de la falta de gobernabilidad y coloca sobre sus hombros la responsabilidad directa de ejecutar cambios concretos.
El discurso de campaña de “continuidad del cambio”, debe transformarse en acciones de gobernanza concretas y verificables. Costa Rica no puede permitirse otros cuatro años de retórica política sin resultados. La ciudadanía espera mejoras en la seguridad, reducción de las listas de espera en salud, generación de empleo de calidad y una estrategia clara para recuperar la competitividad internacional. Asimismo, se requiere un plan que extienda la reactivación económica más allá de las zonas francas, integrando a las pequeñas y medianas empresas en un modelo de desarrollo inclusivo.
Laura Fernández y su futura gestión, cuentan ahora con las condiciones políticas necesarias para gobernar con eficacia. La mayoría en la Asamblea Legislativa elimina obstáculos y abre la puerta a la acción. Costa Rica urge de resultados, y la nueva administración tiene la palabra: Es hora de trabajar y demostrar que el cambio prometido puede convertirse en realidad para bien de Costa Rica.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).- La Policía Municipal de Goicoechea continúa fortaleciendo las acciones de prevención y seguridad en los centros educativos del cantón mediante visitas periódicas en distintas instituciones, con el objetivo de proteger a la población estudiantil.
Durante estas jornadas preventivas, los oficiales realizan recorridos en aulas, mobiliario, baños y revisiones de bultos, como parte de los esfuerzos para evitar la presencia, venta o consumo de sustancias ilícitas dentro de los centros educativos.
En estas labores también participan Rex y Mila, integrantes de la unidad canina municipal, quienes colaboran activamente en las inspecciones. Además de su importante función en la detección preventiva, los canes se convierten en protagonistas entre estudiantes y personal docente, generando un ambiente cercano y de confianza.
El director de la Policía Municipal de Goicoechea, Roy Elizondo, destacó que estas acciones forman parte de la estrategia permanente de seguridad comunitaria que impulsa la institución.
“Continuaremos promoviendo entornos educativos más seguros para nuestras niñas, niños y jóvenes del cantón”, señaló Elizondo.
Estas visitas buscan no solo reforzar la vigilancia, sino también fomentar la prevención, la confianza y la educación en seguridad, fortaleciendo el vínculo entre la Policía Municipal y la comunidad educativa de Goicoechea.
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Daniel Madrigal Sojo, Periodista y abogado).- Un símbolo histórico del barrio La California ha desaparecido sin dejar rastro. Se trata del obelisco erigido en honor al doctor Ricardo Moreno Cañas (1890-1938), una figura emblemática de la medicina costarricense, cuya ausencia genera preocupación y preguntas sin respuesta.
El monumento, que permaneció por cerca de 86 años en una zona verde frente a la línea del tren, ya no se encuentra en su sitio. En el lugar, actualmente colindante con el conocido bar “La Cali”, no quedan rastros de la estructura ni indicios claros sobre lo ocurrido.
El obelisco no era una obra cualquiera. Fue construido poco después del asesinato de Moreno Cañas, ocurrido el 23 de agosto de 1938, y contenía un poderoso mensaje simbólico: su parte superior, el piramidón, quedó deliberadamente inconclusa para representar la labor social interrumpida del médico. Ese detalle convertía al monumento en una pieza única de memoria histórica.
A lo largo de las décadas, la estructura resistió el paso del tiempo, aunque no estuvo exenta de controversias. Hace aproximadamente 30 años, una intervención no autorizada intentó “corregir” su diseño original, aplicando cemento para completar la punta. El hecho generó un escándalo y obligó a las autoridades a restaurar el obelisco a su estado original, respetando su significado.
Hoy, la situación es aún más grave. La desaparición total del monumento plantea diversas hipótesis: desde un posible traslado sin comunicación oficial, hasta robo o destrucción. Sin embargo, ninguna versión ha sido confirmada.
Ante este escenario, crece el llamado a la Dirección de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y Juventud para que investigue el paradero de la obra y esclarezca lo sucedido.
La pérdida del obelisco no solo representa la desaparición de una estructura física, sino también un golpe a la memoria colectiva de uno de los médicos más queridos del país. Vecinos y sectores culturales esperan una pronta respuesta de las autoridades y, de ser posible, la recuperación y restitución del monumento en su ubicación original.