El precio de decir la verdad: La Voz de Goicoechea y el acoso de los que siempre callaron

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LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- En democracia, el periodismo no está para agradar al poder, sino para vigilarlo. Esa ha sido, desde su fundación, la convicción de La Voz de Goicoechea. Y es precisamente por ejercer ese deber —incómodo pero necesario— que hoy enfrentamos una campaña sistemática de acoso e intimidación.

Durante años, un reducido grupo de actores políticos se movió con comodidad en la opacidad. Decisiones tomadas a espaldas de la ciudadanía, denuncias ignoradas, silencios convenientes. Muchos sabían lo que ocurría; pocos se atrevían a contarlo. Este medio decidió hacerlo.

Bajo la dirección del periodista Lic. Isaí Jara Arias, asumimos una línea editorial clara: informar con rigor, dar espacio a las denuncias documentadas y poner nombre y contexto a hechos de interés público. Hemos publicado reportes sobre presunta violencia laboral en la municipalidad, sobre señalamientos de persecución sindical y sobre advertencias de regidores respecto a problemas de salud pública. No hemos inventado historias; hemos cumplido con nuestra responsabilidad de informar.

La reacción no ha sido el debate abierto ni la rendición de cuentas. Ha sido el hostigamiento.

Lo que enfrentamos no es una diferencia de criterio ni una crítica legítima —siempre bienvenida en una sociedad plural—, sino un patrón de descalificación, ataques personales e intentos de amedrentamiento que buscan algo muy concreto: silenciar la voz crítica. Se pretende deslegitimar al mensajero para evitar responder al mensaje.

Este fenómeno no ocurre en el vacío. En distintos niveles, la prensa crítica ha sido objeto de discursos estigmatizantes y presiones que erosionan el clima de respeto indispensable para el ejercicio periodístico. Cuando se normaliza la intimidación contra un medio, no solo se afecta a sus periodistas: se debilita el derecho de toda la ciudadanía a estar informada.

En Goicoechea, esa lógica se replica a escala local. Se intenta instalar la idea de que cuestionar al poder es “atacar”, que fiscalizar es “perseguir” y que publicar denuncias fundamentadas es “desestabilizar”. Nada más lejos de la verdad. La función de la prensa es precisamente examinar la gestión pública y dar voz a quienes, de otro modo, quedarían relegados al silencio.

No nos mueve el ánimo de confrontar por confrontar. Nos mueve el compromiso con nuestros lectores y con el cantón. Creemos en el peso de la ley y en las vías institucionales. Por ello, hemos decidido acudir a las instancias correspondientes para que los actos de acoso e intimidación sean investigados conforme al marco legal vigente, incluyendo mecanismos de protección a la libertad de prensa.

A nuestros lectores les reiteramos: esta sigue siendo su voz. A quienes intentan intimidarnos, les recordamos que la crítica no se combate con ataques personales, sino con transparencia y argumentos.

La historia demuestra que cuando el poder busca acallar a la prensa, lo que realmente teme es la verdad. La Voz de Goicoechea seguirá cumpliendo su deber: informar con responsabilidad, fiscalizar con rigor y defender el derecho ciudadano a saber. Porque callar ante la intimidación sería traicionar la esencia misma del periodismo. Y ese es un precio que no estamos dispuestos a pagar.

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