El aguijón no ataca primero

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por José Cruz Méndez).- El Escorpión sabía algo que los demás habían olvidado: El que se desespera, pierde, y El que espera, elige cuándo empieza la historia.
Así que no atacó. No levantó la cola. No mostró veneno. Solo siguió observando, pero esta vez, no en silencio ciego, sino en silencio consciente.
Mientras tanto, la misma mesa de siempre seguía puesta: el Avispón, y el Murciélago, seguían con sus fiestas. Los demás animales lo veían.
El bosque estaba cansado… pero acostumbrado. Y eso era lo que más les convenía a aquellos dos.
Pero el Escorpión hizo algo que nadie esperaba: fue con los pequeños. Se acercó a la ardillita que cargaba más de lo que podía, al colibrí que volaba tanto que el aire le quemaba las alas. No les pidió nada, ni les ofreció nada. Solo contó lo que había visto, y los pequeños escucharon.
No respondieron ni actuaron, pero entendieron.
Luego, fue con los cansados. Los que repetían:
—“Así es la selva.”
—“No se puede cambiar.”
—“Ellos mandan.”
El Escorpión no contradijo, ni prometió revoluciones, solo dijo: “Un árbol cae cuando deja de recordar que sus raíces sostienen todo,”
Y los cansados levantaron la cabeza, aunque fuera por un momento. Ese fue el primer movimiento, pequeño, callado, pero real, Era despertar sin revolución, y en la selva, despertar es más peligroso que rugir.
Ahora el bosque estaba distinto, no hay unión aun, no son libres, pero atentos. Y los dos de la mesa lo sintieron, sintieron algo que hacía mucho no sentían: Incomodidad.
Y ese fue el momento exacto en que el Escorpión hizo lo que llevaba años postergando:
Se preparó. No para atacar, ni para gritar, tampoco para pelear, sino para dar el primer paso, pues su cola ya no descansaba en el suelo.
La historia está a punto de moverse.
Y esta vez todo será muy diferente.
