Editorial: 8M en Goicoechea, memoria, dignidad y una lucha que no termina

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- El 8 de marzo no es un día para felicitaciones superficiales ni para flores protocolarias. Es, ante todo, una jornada de memoria y de lucha. El Día Internacional de la Mujer nace de las reivindicaciones obreras de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando miles de mujeres se alzaron para exigir condiciones laborales dignas, el fin de la explotación y el derecho al voto. En 1910, la líder socialista Clara Zetkin propuso establecer una fecha internacional que recordara que la igualdad no es un regalo: es una conquista.
Más de un siglo después, el 8M sigue siendo un recordatorio de lo mucho que aún falta por alcanzar. Y en nuestro cantón, Goicoechea, esa deuda con las mujeres sigue siendo dolorosamente evidente.
Las cifras hablan por sí solas. De acuerdo con el Índice de Competitividad Nacional, aunque Goicoechea aparece como uno de los cantones con relativo equilibrio laboral, la realidad muestra que apenas hay ocho mujeres empleadas por cada diez hombres. Detrás de ese número hay historias concretas: hogares sostenidos por jefas de familia que enfrentan un mercado laboral con pocas oportunidades y, con demasiada frecuencia, condiciones precarias.
Pero la desigualdad no se limita al ámbito económico. También se manifiesta en la inseguridad de caminar por nuestras calles, en la carga desproporcionada del trabajo de cuidados y en prácticas machistas que persisten en distintos espacios de la vida pública y privada, incluso dentro de instituciones que deberían ser garantes de protección y respeto.
Por eso resulta imposible ignorar el hecho que recientemente estremeció a nuestro cantón.
La semana pasada, una vecina que acudía a realizar un trámite en el Palacio Municipal fue brutalmente agredida por un funcionario municipal en el parqueo del edificio. Lo que comenzó como una discusión por un vehículo mal estacionado terminó en una agresión física que le provocó lesiones en el rostro, la mandíbula y la cabeza, dejándola tendida en el suelo.
Pero hay un elemento aún más alarmante que la agresión misma: la reacción del entorno. Mientras la víctima permanecía en el suelo, golpeada y amenazada, algunos compañeros del agresor facilitaron su salida del lugar, sacándolo por una puerta y enviándolo a su casa en un vehículo particular. Así, en cuestión de minutos, el agresor logró evadir la acción inmediata de la justicia.
Ese gesto no es menor. Es el reflejo de una cultura que aún protege al agresor antes que, a la víctima, de un silencioso pacto de complicidades que permite que la violencia continúe reproduciéndose.
Para las mujeres de Goicoechea —y para toda la ciudadanía— este episodio resulta profundamente indignante. No solo porque ocurrió, sino porque revela que dentro de una institución pública persisten prácticas que normalizan o minimizan la violencia contra las mujeres.
Desde La Voz de Goicoechea reconocemos que la Alcaldía Municipal anunció la apertura de un proceso disciplinario y reiteró una política de “cero tolerancias” ante este tipo de hechos. Sin embargo, la credibilidad de esa afirmación dependerá de las acciones concretas que se tomen.
La investigación administrativa debe ser rápida, transparente y ejemplarizante. Si se comprueba la responsabilidad del funcionario, la destitución debe ser inmediata. Pero también corresponde investigar la conducta de quienes facilitaron su huida, porque su comportamiento evidencia una grave falta ética incompatible con el servicio público.
El 8 de marzo no es una fecha para celebraciones vacías. Es un día para exigir justicia, igualdad y dignidad.
Las mujeres de Goicoechea —y quienes creemos en una sociedad más justa— alzamos hoy la voz por la vecina agredida y por todas aquellas que han sufrido violencia en silencio. Exigimos empleo digno, instituciones libres de machismo y comunidades que no callen ante la injusticia.
Que este episodio no quede impune. Que sirva para sacudir conciencias y para recordar que la igualdad no se decreta: se construye, se defiende y se lucha cada día.
Hoy, más que nunca, La Voz de Goicoechea debe escucharse clara y firme. Por ella, por todas.