Cuando la gente buena se cansa: hay un punto en que la gente buena deja de hablar


LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak).- Deja de ir a las reuniones, de firmar peticiones, de comentar publicaciones o de alzar la voz. No porque no le importe, sino porque ya le duele demasiado importar sola.
Es el momento en que los honestos sienten que nada cambia, que todo está amarrado, que el sistema se protege a sí mismo y que los que roban tienen más defensa que los que sirven. Entonces bajan los brazos, se refugian en su trabajo, en sus hijos, en su jardín, y dicen con resignación: “Yo ya hice mi parte.”
Pero ahí es donde el mal gana sin pelear.
Porque el silencio de los buenos es el eco que los corruptos necesitan para aplaudirse entre ellos.
Y así, poco a poco, el país se llena de voces apagadas, de corazones cansados y de gente que un día quiso cambiar el mundo… pero terminó cambiando de tema.
La gente buena no se cansa porque sea débil; se cansa porque siempre le toca remar contra corriente, mientras otros flotan en privilegios, excusas o conveniencias.
Y, sin embargo, todavía hay una chispa.
En cada barrio hay alguien que, sin reflectores, sigue ayudando.
En cada institución hay quien hace lo correcto, aunque nadie lo vea.
En cada comunidad hay quien sigue creyendo que el bien no se negocia.
Cuando la gente buena se cansa, el reto no es empujarla: es acompañarla, es recordarle que su voz vale, que su ejemplo pesa, que su cansancio también es un acto de amor por un país que no se rinde. 🇨🇷
Porque si los buenos se apagan, ¿quién nos va a encender el camino?
Y vos, seguís creyendo que vale la pena seguir luchando… o también estás cansado/a?
