Costa Rica: La inseguridad que heredamos

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Tercera entrega: Rodrigo Chaves – entre el discurso del control y el desborde de la realidad

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- En mayo de 2022, Rodrigo Chaves Robles asumió la presidencia con una promesa contundente: “Vamos a recuperar el país”.

Y en materia de seguridad, el mensaje fue claro: cero tolerancias con el crimen, resultados inmediatos y mano firme.

Pero mientras el discurso oficial insistía en que el país “iba recuperando el orden”, las estadísticas mostraban otra historia: Costa Rica vivía la crisis de seguridad más grave de su historia contemporánea.

Un país que perdió el miedo… a matar

El 2023 cerró con una cifra escalofriante: 907 homicidios, el número más alto jamás registrado.

La tasa superó los 17 asesinatos por cada 100 mil habitantes, colocando al país al nivel de las naciones más violentas del continente.

El 70% de los crímenes estuvieron vinculados a ajustes de cuentas por narcotráfico y disputas territoriales, principalmente en Limón, Puntarenas, Desamparados y Alajuelita.

Las balaceras a plena luz del día, los asesinatos en espacios públicos y los homicidios de jóvenes menores de 25 años se volvieron parte del panorama cotidiano.

Por primera vez, la violencia se sintió sin horario, sin frontera y sin edad.

El estilo Chaves: autoridad en el discurso, vacío en los resultados

Rodrigo Chaves ha mantenido un discurso firme, centrado en la idea de “orden, resultados y acción inmediata”.

Su gobierno ha reforzado la presencia policial en zonas críticas, impulsado la Ley Contra el Crimen Organizado y anunciado nuevas inversiones en tecnología y seguridad ciudadana.

Sin embargo, los resultados no acompañan la retórica.

La Policía continúa con déficit de personal y recursos, el sistema penitenciario está saturado y la coordinación interinstitucional sigue débil.

A esto se suma una creciente percepción de centralización política, donde la comunicación del gobierno prioriza la imagen de control más que el trabajo estructural.

El liderazgo de Chaves ha logrado reconectar con el hartazgo popular, pero no ha conseguido todavía revertir las cifras del miedo.

El fenómeno actual: crimen organizado, desigualdad y desconfianza

Los especialistas coinciden en que la violencia actual es el resultado de un proceso acumulado:

años de abandono de comunidades vulnerables, falta de oportunidades, deterioro educativo y una institucionalidad debilitada.

El narcotráfico no solo recluta —también sustituye la presencia del Estado en los barrios olvidados.

Mientras tanto, la ciudadanía enfrenta una mezcla peligrosa: temor, frustración y resignación.

La desconfianza hacia la Fuerza Pública, el OIJ y el Poder Judicial aumenta, y los discursos polarizados alimentan el clima de división y desesperanza.

El actual panorama refleja un punto de quiebre: el país enfrenta la violencia más alta de su historia, con estructuras criminales más sofisticadas y un Estado debilitado para responder.

La sensación ciudadana es clara: el miedo ya no es un titular, es una rutina.

Rodrigo Chaves heredó un país con inseguridad desbordada y un sistema que perdió el control territorial, pero también una población desesperada por sentir autoridad.

Su discurso logró reconectar con ese sentimiento, pero la violencia real sigue creciendo, ajena a la narrativa oficial.

si no logra reconstruir la confianza institucional y el tejido social, la violencia se convertirá en el nuevo idioma del poder.

La inseguridad que hoy vivimos no nació en este gobierno, pero sí alcanzó aquí su punto más alto.

Y cada cifra no es solo una estadística: es una vida perdida, una comunidad quebrada y un país que clama por respuestas más allá de los discursos.

En las próximas entregas de esta serie de análisis, revisaremos el desempleo en nuestra reciente historia.

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