Costa Rica: La inseguridad que heredamos


LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- Durante los primeros años del siglo XXI, Costa Rica empezó a dejar atrás su fama de país seguro y tranquilo. Las calles, antes sin rejas ni alarmas, comenzaron a llenarse de portones eléctricos, cámaras, guardas y miedo. Lo que parecía una preocupación aislada se transformó en un fenómeno estructural: la inseguridad se convirtió en parte de la vida nacional.
Los años de Abel Pacheco (2002–2006): el inicio del desliz
El gobierno de Abel Pacheco vivió un periodo de transición en materia de seguridad.
El país aún se beneficiaba de la estabilidad política y social de los noventa, pero los signos de alarma ya estaban ahí: el narcotráfico empezaba a consolidar rutas, la delincuencia común aumentaba y las cárceles comenzaban a saturarse.
Pacheco priorizó la salud y la educación en su discurso, pero su política de seguridad careció de una estrategia integral. El presupuesto del Ministerio de Seguridad Pública creció muy poco, y las fuerzas policiales enfrentaron limitaciones materiales y de personal.
Fue una época de “paz frágil”: no había violencia masiva, pero el país ya mostraba grietas.
Los homicidios dolosos rondaban las 7 muertes por cada 100 mil habitantes, una cifra baja para la región, aunque en ascenso constante.
Óscar Arias (2006–2010): el auge económico con sombra de violencia
El segundo gobierno de Óscar Arias llegó con optimismo económico y estabilidad internacional, pero con un crecimiento sostenido de la delincuencia.
Mientras el país celebraba la llegada de inversiones, el auge del turismo y el TLC, el crimen organizado aprovechó el descuido institucional.
Entre 2006 y 2010, el narcotráfico transnacional se consolidó en el Caribe y el Pacífico, usando Costa Rica como punto logístico.
Los homicidios aumentaron un 30%, alcanzando 11 por cada 100 mil habitantes en 2010.
Arias impulsó la modernización de la Fuerza Pública y la creación de la Policía de Fronteras, pero el énfasis fue reactivo más que preventivo.
Se fortaleció la cooperación con Estados Unidos en lucha antidrogas, pero no se atendieron las raíces del problema: desigualdad, desempleo juvenil y exclusión social.
Laura Chinchilla (2010–2014): la presidenta que enfrentó el auge del miedo
Con Laura Chinchilla, ex ministra de Seguridad, se esperaba una estrategia firme y técnica. Y, en parte, lo fue:
durante su gobierno se aprobaron reformas legales contra el crimen organizado, se aumentó el control fronterizo y se modernizaron equipos policiales.
Sin embargo, los resultados no acompañaron las expectativas.
El crimen organizado se expandió, las bandas locales se fortalecieron y los delitos contra la propiedad (asaltos, robos, hurtos) se dispararon.
Costa Rica alcanzó en 2013 una tasa de homicidios de 8,7 por cada 100 mil habitantes, que, si bien no era la más alta de la región, marcó una tendencia ascendente preocupante.
Chinchilla tuvo un discurso firme, pero sin el apoyo político ni presupuestario suficiente.
Su gestión consolidó la idea de que la inseguridad ya no era un tema policial, sino un problema social y estructural.
Entre 2002 y 2014, Costa Rica pasó de la preocupación al miedo cotidiano.
Las decisiones de esos años definieron la ruta de la inseguridad actual:
policías mal pagados, comunidades abandonadas y un sistema penal que castiga, pero no rehabilita.
Abel Pacheco heredó un país tranquilo.
Óscar Arias dejó uno inquieto.
Y Laura Chinchilla entregó uno preocupado.
Desde entonces, la inseguridad dejó de ser un tema de campaña para convertirse en una realidad diaria.
En la próxima entrega, analizaremos la seguridad en la época de los dos gobiernos PAC.