Costa Rica, el desempleo, la pobreza y la ayuda social que heredamos

Published by Redacción on

photo of outer space

Tercera entrega:  Rodrigo Chaves – entre la recuperación estadística y la realidad social

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Redacción).- Cuando Rodrigo Chaves Robles asumió la presidencia en 2022, el país salía lentamente de los estragos económicos y sociales de la pandemia.

El desempleo rondaba el 13%, la pobreza afectaba al 23% de los hogares, y más de un millón de personas vivían en condición de vulnerabilidad.

El nuevo gobierno prometió eficiencia, simplificación y resultados rápidos.

Dos años después, las cifras oficiales muestran una mejora; pero las calles, los barrios y las familias más golpeadas siguen sin sentir el alivio prometido.

La recuperación económica fue inmediata en algunos sectores —exportaciones, turismo, servicios—, pero no en los hogares más pobres.

Mientras los indicadores macroeconómicos mejoraban, la desigualdad social se mantuvo estancada.

El coeficiente de Gini, que mide la distribución del ingreso, se mantiene en 0,51, uno de los más altos de América Latina.

En otras palabras, el país produce más, pero reparte menos.

El crecimiento se concentra en zonas urbanas y costeras con inversión extranjera, mientras las comunidades rurales, indígenas y fronterizas continúan en rezago.

El gobierno de Chaves ha insistido en el uso eficiente de los recursos públicos, reduciendo intermediarios y digitalizando trámites de programas sociales.

Ha priorizado la “limpieza” institucional sobre la expansión presupuestaria, enfocándose en depurar listas de beneficiarios y en fortalecer el IMAS y el SINIRUBE como plataformas únicas de atención.

Si bien esto ha permitido un mejor control administrativo, también ha reducido la cobertura de ciertos programas.

Miles de familias dejaron de recibir ayudas temporales bajo el argumento de “optimización del gasto”, aunque muchas siguen sin empleo estable o con ingresos insuficientes.

El Estado se ha vuelto más eficiente en el papel, pero menos cercano en la práctica.

El desempleo oficial bajó al 7,4% en 2024, el nivel más bajo en más de una década.

Sin embargo, la informalidad se mantiene en torno al 40%, lo que significa que casi la mitad de las personas trabajan sin seguro, sin estabilidad y con bajos ingresos.

En los sectores más pobres, la figura del “autoempleo” o el “rebusque digital” sustituyó al trabajo formal.

El empleo existe, pero no garantiza bienestar.

Y mientras las cifras celebran la recuperación, el país real sigue enfrentando la misma pregunta:

¿qué significa trabajar si el salario no alcanza para vivir?

En los últimos dos años, la pobreza se ha mantenido cerca del 21%, con ligeras reducciones que no representan mejoras estructurales.

El costo de la vida, el endeudamiento familiar y el encarecimiento de la canasta básica han neutralizado los avances estadísticos.

Cada punto menos de pobreza se celebra en los informes técnicos, pero no se traduce en una vida digna para la mayoría.

El progreso numérico es innegable, pero la desigualdad estructural sigue intacta.

Las familias viven mejor en los reportes que en la realidad cotidiana.

Rodrigo Chaves heredó un país golpeado y logró estabilizar sus cifras económicas.

Pero la pobreza y el desempleo no se vencen con planillas ni con retórica de eficiencia.

Se combaten con educación, oportunidades y un Estado que escuche más que mida.

Hoy, Costa Rica tiene mejores estadísticas, pero no necesariamente más bienestar.

El riesgo es que la “recuperación” se convierta en una ilusión contable que esconde una verdad incómoda:

la brecha social sigue abierta, y los pobres siguen esperando el turno que nunca llega.

Categories: Noticia

Política de privacidad - - Diseñado por PARWEBCR