Costa Rica, El desempleo, la pobreza y la ayuda social que heredamos

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Primera entrega:  De Pacheco a Chinchilla – Entre la promesa del bienestar y el olvido social

LA VOZ DE GOICOECHEA (Redacción).- Durante la primera década del siglo XXI, Costa Rica vivió un proceso contradictorio: creció la economía, se amplió la educación y el país modernizó su infraestructura, pero la desigualdad aumentó y la pobreza se estancó.

Entre 2002 y 2014, bajo los gobiernos de Abel Pacheco, Óscar Arias y Laura Chinchilla, el país pasó del optimismo social al desencanto colectivo.

La promesa del bienestar para todos se convirtió en una lucha constante por sobrevivir con salarios bajos, empleos inestables y ayudas públicas cada vez más insuficientes.

Abel Pacheco (2002–2006): el presidente de la prudencia y los límites

El gobierno de Abel Pacheco coincidió con un período de relativa estabilidad económica, pero sin grandes transformaciones sociales.

Su administración apostó por la austeridad y la prudencia fiscal, lo que permitió controlar la inflación, pero limitó la inversión en programas sociales.

El desempleo rondó el 6,5%, pero la pobreza se mantuvo en el 21% de los hogares, una cifra prácticamente igual a la de los años noventa.

Pacheco fortaleció el programa Avancemos, precursor de transferencias condicionadas a la asistencia educativa, y mantuvo un tono moral y conservador, pero sin políticas estructurales para reducir la desigualdad.

Su legado social puede resumirse en una frase: orden sin impulso.

Mantuvo las cuentas en equilibrio, pero el país siguió dividido entre quienes podían progresar y quienes sobrevivían del rebusque.

Óscar Arias (2006–2010): el auge económico sin redistribución

El segundo gobierno de Óscar Arias vivió un período de crecimiento económico notable gracias al TLC, la inversión extranjera y la expansión del turismo.

Sin embargo, el auge no se tradujo en bienestar general.

Entre 2006 y 2008, Costa Rica experimentó una reducción temporal de la pobreza (del 20% al 16%), pero con la crisis financiera internacional de 2008–2009, el avance se perdió casi por completo.

El desempleo subió al 7,8%, y la pobreza volvió a los niveles anteriores.

Arias promovió programas sociales como “Puente al Desarrollo” y fortaleció la política de becas, pero la inversión social seguía sin alcanzar a las familias más necesitadas.

El país crecía hacia afuera, no hacia adentro: mientras las exportaciones aumentaban, las oportunidades para las clases medias y bajas se reducían.

Su lema de “Paz con prosperidad” terminó marcado por una brecha más profunda: prosperidad para unos pocos, frustración para muchos.

Laura Chinchilla (2010–2014): el desgaste social y el desencanto

La presidenta Laura Chinchilla asumió el gobierno con el compromiso de fortalecer el tejido social, pero enfrentó un contexto adverso: déficit fiscal, bajo crecimiento y desconfianza ciudadana.

Su administración impulsó el Plan Nacional de Desarrollo Humano y reforzó programas como IMAS, Avancemos y FONABE, buscando consolidar una red de protección para las familias vulnerables.

Aun así, los resultados fueron modestos.

El desempleo promedio subió al 9,5%, el más alto de la década, y la pobreza alcanzó el 22,4%, afectando especialmente a mujeres jefas de hogar y zonas rurales.

A pesar de los esfuerzos institucionales, la informalidad laboral superó el 40% de la fuerza de trabajo, reflejando un modelo económico incapaz de absorber mano de obra de forma sostenible.

Su legado fue una paradoja: más programas sociales, pero menos esperanza.

Las familias recibían ayuda, pero no encontraban estabilidad.

De Pacheco a Chinchilla, Costa Rica pasó de la promesa al desencanto.

El país se modernizó en apariencia, pero las brechas sociales se ensancharon.

Las políticas de ayuda sirvieron para contener la pobreza, no para erradicarla.

Los hogares se sostuvieron gracias a becas, bonos y subsidios, pero no gracias a empleos estables o salarios dignos.

La pobreza dejó de ser una urgencia y se volvió una constante.

Y cuando la desigualdad se vuelve costumbre, el país deja de avanzar: porque ya no hay sueños que sostengan el esfuerzo.

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