LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak).- En el puro corazón de Guadalupe centro, donde la calle huele a mañanas tibias y a café recién colado, vivía un tío muy querido por el barrio. Todos lo conocen. No tiene letrero grande, ni luces, ni promociones: solo una ventanita y unas empanadas de carne mechada que parecen hechas con cariño de mamá y paciencia de abuelo.
Ese tío siempre ha sido de los buenos: paga impuestos, paga patente, da factura, colabora en las actividades del barrio, se sienta en la silla plástica afuera a conversar, como quien quiere a su gente.




















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