Aclaración necesaria: ni candidato, ni pagado, ni callado


LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Nabil Mouaffak, columnista).- Mi nombre es Nabil Mouaffak. Soy de origen extranjero —mi nombre lo deja claro—, vivo en Costa Rica y, para despejar dudas desde el inicio, no tengo intención alguna, ni ahora ni en el futuro próximo, de participar en una carrera electoral.
No acostumbro responder ataques infundados ni comentarios velados de quienes parecen desconocer el valor de la transparencia y la rendición de cuentas. Sin embargo, ante algunas afirmaciones recientes, considero justo y necesario aclarar ciertos puntos.
1. “Paga a un medio para atacar” — Falso.
Agradezco profundamente a La Voz de Goicoechea por abrirme un espacio como columnista, pero no pago ni recibo dinero por escribir.
Lo único que gano —y que vale mucho más— es la satisfacción de defender la justicia, una palabra que, tristemente, parece haberse borrado del diccionario político local.
2. “Escribe desde el odio” — También falso.
No odio personas. Odio la corrupción, la injusticia, la inoperancia, la arrogancia y la prepotencia de quienes se creen dueños del poder.
Y para quienes se sienten aludidos por esas palabras, aclaro: no es odio lo que siento, es lástima.
3. “No propone soluciones” — Se equivocan en el enfoque.
No ando en campaña prometiendo resolver los problemas del cantón para pedir votos.
No celebro en redes cada invitación que recibo.
No cobro un salario millonario —como sí lo hacen algunos— para “servir al pueblo”.
No tengo poder para despedir jefaturas inoperantes ni para frenar contrataciones sospechosas.
Ni siquiera tengo acceso libre a la información pública que debería estar disponible para todos los ciudadanos.
Y, aun así, estoy dispuesto a contribuir, ad honorem, con soluciones reales y con mejores resultados que muchos de los que sí cobran por hacerlo.
4. Un mensaje final y claro.
El tiempo de decidir a puerta cerrada ya terminó.
El pueblo —ese mismo al que luego se busca para pedirle el voto— tiene derecho a saber la verdad.
Y ustedes, los que hoy administran el poder, tienen la obligación de escuchar.
Si realmente desean soluciones, empiecen por reunirse con quienes sí trabajan:
Con el personal del plantel, que recibe críticas por errores que no comete.
Con quienes atienden día a día en patentes y plataforma.
Con las comunidades, en sus barrios, sin intermediarios ni cámaras.
Inviertan, aunque sea una mínima parte de sus salarios en escuchar, acompañar y servir.
Salgan de las oficinas, compartan un pan, un café, una jornada de trabajo real.
Solo así encontrarán la fórmula verdadera para transformar el cantón.
Y créanme: si hacen eso, no necesitarán banderas, volantes ni canastas de víveres en la próxima campaña.