Laura Fernández asume la presidencia de Costa Rica: “Soy la heredera del cambio y no voy a aflojar”

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Isaí Jara, periodista).- En un emotivo e intenso discurso de traspaso de poderes, Laura Fernández asumió oficialmente este 8 de mayo de 2026 como la presidenta número 50 de la República de Costa Rica. Con un mensaje enérgico y de ruptura con la política tradicional, la mandataria aseguró que su gobierno será de continuidad, pero con una firmeza redoblada para consolidar lo que llamó el camino hacia una “Tercera República”.
“Hoy no asumo un cargo: asumo un deber. Un pacto conmigo misma, pero, sobre todo, un compromiso claro e inclaudicable con Dios y con Costa Rica”, manifestó Fernández al inicio de su alocución, encomendando su gestión a la guía divina.
Un mandato de cambio y confrontación con el pasado
La gobernante enfatizó que el electorado costarricense envió un mensaje contundente en las urnas al apostar por mantener la ruta de transformación iniciada hace cuatro años. Se definió a sí misma como la “heredera” de una forma distinta de hacer política, basada en fijar metas, medir resultados y erradicar flagelos como la corrupción, el amiguismo y el clientelismo.
“Este pueblo cambió. Costa Rica abrió los ojos… Hoy somos un pueblo espabilado, informado, exigente. Un pueblo que no come cuento, que pide resultados, que llama a cuentas y que no quiere volver atrás”.
Fernández advirtió con vehemencia a los sectores tradicionales que “a quienes pensaron que podían recuperar privilegios o reinstalar viejas prácticas… se equivocan”, garantizando que no dejará espacio para retrocesos en las batallas clave del país.

Mano dura contra el crimen y reforma institucional
Uno de los ejes más rústicos de su discurso fue el abordaje de la seguridad ciudadana y la penetración del narcotráfico en las estructuras públicas. En este ámbito, la presidenta anunció mano dura y lanzó un fuerte llamado de atención al Poder Judicial.
Infraestructura policial: Anunció que muy pronto inaugurará una mega cárcel y un moderno centro de vigilancia policial.
Crítica a la judicatura: Advirtió que estos esfuerzos no servirán “si los jueces siguen soltando a delincuentes peligrosos y si las leyes también los protegen con la cultura del pobrecito”.
Liderazgo en seguridad: Aseguró que no le temblará el pulso ante el crimen organizado y convocó a diputados y jueces honestos a trabajar unidos por la paz.
Asimismo, ratificó su intención de modernizar el aparato estatal, cuestionando la existencia de 335 instituciones públicas que, a su criterio, “perdieron el norte”.

Infraestructura y proyectos clave en la mira
Fernández prometió que su administración será un “gobierno en la calle” y no de oficina. Entre sus prioridades de infraestructura nacional, destacó la urgencia de acortar el rezago de tres décadas mediante el impulso de obras clave:
El tren rápido de pasajeros (el cual señaló como “injustamente frenado por la mezquindad de unos pocos”).
La Ruta 1, la carretera a San Carlos, la finalización de la Ruta 32 y el tramo Barranca Limonal.
Proyectos de gran envergadura como la edificación de Ciudad Gobierno, el desarrollo de la Marina de Limón y la resolución de la problemática ambiental y de saqueo en Crucitas.
De la clase media a la silla presidencial
Con un tono marcadamente personal, la nueva mandataria reivindicó sus orígenes, presentándose como una digna representante de la clase media costarricense, oriunda de Puntarenas y ajena a las dinastías políticas tradicionales.
“No vengo de los apellidos esculpidos en las vitrinas del poder. Vengo de un país que da oportunidades, y soy prueba fiel de que esas oportunidades se conquistan trabajando”, puntualizó Fernández, prometiendo gobernar con especial sensibilidad para las costas, las mujeres, la niñez y las comunidades indígenas y afrodescendientes.
La presidenta cerró su comparecencia invitando a toda la ciudadanía a unirse a su gestión bajo una consigna clara: “En mí tendrán a una presidente que no aflojará… Y que nunca volvamos a cerrar los ojos”.