El Concejo Municipal: de órgano deliberativo a motor activo del desarrollo cantonal

LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo de Redacción).- En Costa Rica, solemos repetir que el gobierno municipal es la instancia más cercana a la ciudadanía. Sin embargo, esa cercanía pierde sentido cuando se percibe al Concejo Municipal como un actor pasivo, limitado a aprobar trámites o a sostener debates estériles. Nada más alejado de la realidad jurídica —y de la responsabilidad política— que establece nuestro ordenamiento.
El Concejo Municipal no es un espectador. Es, por mandato del Código Municipal (Ley N.° 7794), el corazón de la democracia local y, sobre todo, el cerebro estratégico del desarrollo cantonal.
Su integración, mediante representantes electos por voto popular, no es un detalle menor: implica un mandato directo de la ciudadanía para tomar decisiones que impactan la vida cotidiana. Calles, seguridad, ordenamiento territorial, servicios públicos, inversión social… todo pasa, en mayor o menor medida, por sus acuerdos.
Reducir su papel a la aprobación de actas o presupuestos es desconocer su verdadero alcance.
El artículo 13 del Código Municipal es claro: el Concejo define políticas, establece prioridades, regula, fiscaliza y orienta el rumbo del cantón. Es decir, no solo administra lo existente, sino que debe imaginar, planificar y construir el futuro.
En cantones como Goicoechea, esta responsabilidad es aún más evidente. Con desafíos urbanos complejos, crecimiento poblacional y demandas ciudadanas cada vez más específicas, el desarrollo no ocurre por inercia. Requiere liderazgo, visión y decisiones oportunas.
Aquí es donde surge una pregunta incómoda pero necesaria:
¿Está el Concejo Municipal actuando como el motor de desarrollo que la ley le exige ser?
Porque aprobar un presupuesto no es suficiente si no responde a una estrategia clara. Dictar reglamentos no basta si no mejoran la calidad de vida. Fiscalizar pierde sentido si no se traduce en transparencia real y rendición de cuentas efectiva.
Un Concejo activo es aquel que:
Escucha a la comunidad, pero también propone soluciones.
Fiscaliza, pero también construye acuerdos.
Regula, pero con visión de futuro.
En otras palabras, no reacciona: lidera.
Además, su rol en la promoción de la participación ciudadana y la equidad no es accesorio. Es central. Un cantón próspero no se mide solo en infraestructura, sino en inclusión, identidad y cohesión social.
Goicoechea tiene el potencial de ser un referente de gestión local moderna. Pero ese potencial depende, en gran medida, de que su Concejo Municipal asuma plenamente su papel: no como un órgano pasivo, sino como un actor estratégico, responsable y comprometido con el bienestar colectivo.
La ciudadanía, por su parte, también tiene un rol clave. Conocer las funciones del Concejo no es un ejercicio académico: es una herramienta de control democrático. Exigir, participar y dar seguimiento a sus decisiones es parte esencial de una comunidad activa.
Porque al final, la calidad del gobierno local no depende únicamente de quienes ocupan los cargos, sino también de una ciudadanía que entiende, cuestiona y se involucra.
El desarrollo de Goicoechea no es automático. Es una construcción diaria. Y el Concejo Municipal debe estar —sin excusas— en el centro de esa tarea.