ASOCIACIONES COMUNALES EN RIESGO: ¿SERVICIO A LA GENTE O A LOS PARTIDOS?

En Goicoechea, la cercanía con figuras políticas y el uso partidario de los espacios de desarrollo empiezan a encender alarmas
LA VOZ DE GOICOECHEA (Por Consejo Editorial).- En cada rincón del país, las asociaciones de desarrollo comunal han sido, durante décadas, el corazón palpitante de la organización social vecinal. Nacieron con una misión clara y noble: servir a la comunidad, gestionar recursos, construir aceras, organizar comités deportivos, velar por el bien común. Sin embargo, en cantones como el nuestro, empieza a flotar una pregunta incómoda que merece ser planteada sin rodeos: ¿siguen estas asociaciones sirviendo a la gente o se han ido convirtiendo, casi sin darnos cuenta, en correas de transmisión de intereses partidarios?
En Goicoechea, la dinámica comunal ha sido tradicionalmente activa y diversa. Pero hoy, vecinos y vecinas comparten inquietudes que no deberíamos minimizar. No se trata de señalar con dedo acusador, sino de observar patrones que, repetidos una y otra vez, terminan erosionando lo más valioso que tiene una comunidad: la confianza.
Cada vez es más frecuente escuchar cómo, en algunos distritos, las actividades organizadas por las asociaciones comunales coinciden sospechosamente con las agendas de figuras políticas específicas. Los mismos rostros, los mismos colores, las mismas consignas, envueltos en papel de “junta comunal”. ¿Qué hay de malo en que una lideresa o un líder comunal simpatice con un partido? Nada, en principio. El problema no es la simpatía, sino la instrumentalización. Cuando el sello partidario empieza a pesar más que el interés colectivo, lo comunal se desdibuja.
Otro síntoma preocupante es el uso de espacios comunales —salones, canchas, sedes— para dinámicas que, bajo una apariencia de convocatoria ciudadana, funcionan como plataformas de posicionamiento político. Reuniones que se convierten en actos de campaña, discursos que hablan de “desarrollo” pero terminan pidiendo el voto. La línea es delgada, pero no invisible. Y cuando se cruza, la ciudadanía lo nota.
Tampoco podemos ignorar la percepción, cada vez más extendida, de que el acceso a recursos institucionales no responde siempre a criterios técnicos o necesidades reales, sino a la cercanía con quienes tienen cuotas de poder. Una asociación recibe apoyo; otra, igual de necesitada, queda relegada. No siempre hay pruebas contundentes, pero la sola percepción de favoritismo es un veneno lento que mata la participación.
Porque cuando la confianza se quiebra, la gente se aleja. Las asambleas se vacían, las convocatorias pierden eco, y quienes se quedan son, paradójicamente, los mismos de siempre. Y entonces la asociación deja de ser un espejo de la comunidad para convertirse en un club cerrado. Una asociación comunal que no es plural, que no rinde cuentas con transparencia, que no abre sus puertas a todas las voces sin exigir carnet político, ha dejado de ser comunal.
Desde esta tribuna, no pretendemos satanizar la relación entre organización comunal y política. Toda gestión de lo colectivo tiene una dimensión política en el mejor sentido de la palabra: diálogo, negociación, representación. El problema surge cuando lo comunal se subordina a lo partidario, cuando la comunidad se convierte en un medio para escalar posiciones o ganar elecciones, en lugar de ser el fin último.
Es tiempo de recuperar la esencia. Exigir transparencia en el uso de recursos, rotación de liderazgos, rendición de cuentas abierta a todo vecino, sin importar su bandera. Recordar que estas asociaciones no pertenecen a quienes las dirigen ni a quienes las financian políticamente. Pertenecen a cada persona que vive en Goicoechea.
Por eso lanzamos la pregunta que ningún partido quiere escuchar y que toda comunidad debería hacerse: ¿a quién le responden hoy nuestras asociaciones de desarrollo? ¿A los vecinos o a los intereses de turno?
Porque cuando lo comunal pierde su alma, no solo pierde su propósito. Pierde a su gente. Y sin gente, no hay desarrollo posible.
Que vuelva el rumbo. Que vuelva la confianza. Que vuelva lo comunal.